26/2/2013

Por qué los hombres encuentran antes el camino a casa

George C. Williams definió el concepto moderno de adaptación biológica como aquel rasgo capaz de evolucionar debido a que confiere alguna ventaja de supervivencia o reproductiva específica, dando como resultado un mayor éxito reproductivo. Un rasgo se puede considerar adaptativo “si y sólo si posee una función específica cuya ejecución explica la alta frecuencia del rasgo en la presente población” (Clint et al., 2012). Todas las características evolucionadas de los organismos vivos no son adaptaciones en este sentido. Muchos otros rasgos evolucionan como respuesta a la selección de otros rasgos con los que estan genéticamente correlacionados. Este tipo de correlaciones causadas por genes peliotrópicos dan lugar a lo que los biólogos llaman “efectos laterales”. Por ejemplo, el pezón masculino es un efecto lateral de la selección del mismo rasgo en las mujeres. 

Historias de la sabana

Existen evidencias sólidas de que los hombres, y también los machos de otras especies, encuentran antes el camino a casa, es decir, que tienen una capacidad de orientación espacial comparativamente superior (muchas hembras tienen una capacidad superior a muchos machos, pero en la media las diferencias entre sexos son estadísticamente significativas). Según los defensores de la hipótesis adaptacionista, esta habilidad ofrecería ventajas específicas en las tareas de caza de nuestros antepasados, especialmente cuando los cazadores estaban obligados a caminar largas distancias y debían encontrar el camino de vuelta de sus expediciones. Según la hipótesis adaptacionista, esta ventaja de los cazadores ancestrales, que impactaría claramente en su éxito reproductivo, estaría en el origen de que los hombres sean mejores que las mujeres en la orientación espacial.


Test de rotación mental: Los hombres son algo más rápidos que las
mujeres averiguando si se trata o no de la misma figura.


Para poner a prueba la hipótesis adaptacionista, los autores de este nuevo trabajo publicado en The quarterly review of biology han estudiado las diferencias cognitivas comparando cómo funciona el mismo rasgo en distintas especies.

El principal problema con la hipótesis adaptacionista (el hombre cazador, la mujer recolectora) es, efectivamente, que varias especies parecen exhibir el mismo patrón de dimorfismo sexual en orientación espacial. En particular, este tipo de dimorfismo está documentado desde 1915, gracias a experimentos con roedores. Las ratas, según experimentos en laberintos artificiales, acreditan las mismas diferencias sexuales en orientación espacial que los humanos.

Si el rasgo es común entre distintas especies (en este caso han estudiado 11 especies diferentes), entonces es más plausible suponer que el rasgo se ha heredado de un antecesor común a que haya surgido en diferentes ocasiones debido a diferentes presiones selectivas. Quizás la superioridad masculina en orientación espacial sean un rasgo antiguo de este tipo, más que uno exclusivamente humano.

Cuando un rasgo es heredable y la selección actúa en un sexo, el otro acostumbra a exhibir una respuesta correlacionada, debido a que el rasgo se pasa tanto a la descendencia masculina como femenina. Los pezones masculinos, por ejemplo, se desarrollan a pesar de que no aportan aparentemente ninguna ventaja adaptativa a los machos.

Como regla general, el dimorfismo sexual es más pronunciado a medida que las consecuencias reproductivas son más diferentes para ambos sexos. Por ejemplo, una mayor masa corporal de los machos comparado con las hembras podría resultar como resultado de una selección antagonista para cada sexo. Si las consecuencias de ese rasgos no son netamente negativas, y en el caso de la orientación espacial es razonable suponer que una versión mejorada supondría una ventaja para ambos sexos, no sólo para los machos.

La clave es la testosterona

En los mamíferos, la testosterona desempeña un papel crucial en la construcción de las características sexuales primarias y secundarias del cuerpo masculino. La ausencia de testosterona es lo que determina una fisiología, una anatomía y una conducta femeninas. Aparte de construir rasgos con obvias ventajas adaptativas, como el pene, la testosterona tiene efectos adversos no adaptativos, como el acné o la calvicie. En el lado positivo, la orientación espacial mejorada en los machos podría ser otro de los efectos laterales de la testosterona.

Consistentemente con esta hipótesis, diferentes estudios han mostrado ya que la testosterona mejora las capacidades de orientación espacial tanto en humanos como en animales. Se sabe por ejemplo que la ausencia o presencia de testosterona en el periodo prenatal repercute directamente en las habilidades espaciales de las ratas, con independencia del sexo (Lund y Lephart, 2001). Además, la administración de testosterona en condiciones experimentales también mejora esta misma habilidad en los humanos (Postma et al. 2000; Aleman et al. 2004).

De acuerdo con los autores del trabajo, ni la influencia de la cultura, ni la plasticidad fenotípica (es decir, la medida en que el cuerpo humano varía en función de las influencias ambientales durante su vida) explican el dimorfismo sexual y la superioridad masculina en las tareas relacionadas con la orientación espacial. La mejora en la orientación espacial de los machos sería, en suma, un efecto lateral de la producción de testosterona, no una adaptación humana en nuestra "sabana" ancestral.

El autor principal de este trabajo es Edward Clint, que hace poco se tomó la molestia de criticar punto por punto algunas de las críticas “populares” a la psicología evolucionista, en especial el cargo, tantas veces repetido y contestado, sobre el abuso que supuestamente hacen los psicólogos evolucionistas de las hipótesis adaptacionistas.




ResearchBlogging.org Clint EK, Sober E, Garland T Jr,&; Rhodes JS (2012). Male superiority in spatial navigation: adaptation or side effect? The Quarterly review of biology, 87 (4), 289-313 PMID: 23397795