30/11/2012

Igual asfixiarse no es una buena idea. Peligros del “shibari”

Foto: Araki (Jot Down)


Después de la “revolución sexual” un cierto consenso liberal sobre la libertad sexual ha ganado la opinión culta e incluso “científica”, con nuevos conceptos como “parafilia” que se abren paso pretendidamente para borrar las diferencias entre la sexualidad normal y la perversa.

¿Pruebas recientes? La universidad de Harvard admitiendo oficialmente un club de BDSM (Via).

Para este artículo publicado en el "magazine contemporáneo" Jot Down, pongamos por caso, el Shibari japonés, más que una técnica sadomasoquista es un “arte japonés”. Citando al fotógrago Nobuyoshu Araki “atar es abrazar fuerte”. Leyendo una descripción tan estilizada, da la impresión de que colgarse de la pared con cuerdas para asfixiarse eróticamente es una práctica no sólo inocua, sino incluso más refinada que el sexo corriente, a veces tachado como un mero vestigio heteropatriarcal, o paradigma "PIV" (siglas en inglés para “pene en vagina”).

Quizás lo más increíble es que todo esto se esté saludando como un “progreso” de la mente ilustrada.

Pero las prácticas sexuales poco convencionales siguen teniendo algo más que un lado oscuro. En la revista Archives of sexual behavior se acaba de publicar un artículo (de libre acceso) sobre una sesión de Shibari que no terminó bien. El relato estremece:

Tras consumir una cena ligera acompañada por una gran cantidad de alcohol, dos mujeres jóvenes (SU y DE) y un hombre italiano más mayor decidieron participar en un juego erótico que incluía prácticas bondage en un lugar público y aislado alrededor de las 4 de la madrugada. Las dos mujeres, que siguieron vestidas, sin exponer sus genitales o recibir estimulación sexual, fueron atadas a cada una en una especie de péndulo de modo que cada una se contrabalanceaba, practicando de este modo una figura erótica japonesa (Shibari). Las cuerdas fueron amarradas en cuerdas de metal en el sótano de un edificio administrativo local. Cuando una de las mujeres caía, la otra subía, causando una sensación de ahogamiento que se consideraba sexualmente estimulante. Mientras jugaban a esto, DE se desmayó (y se orinó), lo cual resultó en que SU quedara suspendida y que ambas resultaran asfixiadas durante un largo periodo de tiempo. Dado que el hombre implicado en el juego no tenía a mano un cuchillo, no fue capaz de cortar la cuerda inmediatamente. Cuando consiguió liberar a las dos mujeres, DE estaba muerta y SU en condición crítica. El hombre fue arrestado y actualmente espera juicio. 

Partiendo de este suceso, Paolo Roma y un equipo de neurocientíficos italianos han intentado reconstruir el historial mental de los implicados, para profundizar en los vínculos que existen acaso entre las prácticas sadomasoquistas y la salud mental.

Por lo visto, la asfixia sexual voluntaria es una “Parafilia” poco común y no es tratada como un desorden específico en el manual DSM IV. Sin embargo, se sabe que este tipo de prácticas sexuales anómalas (según un reciente estudio australiano podrían afectar aproximadamente al 2% de la población) están asociadas a menudo con desórdenes psicológicos, particularmente con el desorden de personalidad “borderline”, caracterizado por un sentido distorsionado del propio yo y relaciones interpersonales inestables.

Otro hecho perturbador es que un porcentaje abierto, entre el 60 y el 90% de las mujeres diagnosticadas con desorden de personalidad borderline, han experimentado algún tipo de abuso sexual durante su infancia. Las participantes en el suceso descrito encajan con este desgraciado patrón. De hecho, experimentaron abusos infantiles, tenían un historial como consumidoras de droga, diferentes daños autoinfligidos y también recibieron tratamiento por problemas psicológicos.

Roma y sus compañeros describen que en Italia no existe en general una tolerancia social hacia la práctica de parafilias, “que son muy estigmatizadas en un sistema social largamente patriarcal”. Sin embargo, advierten sobre la supervivencia de las anomalías sexuales en subculturas sociales, particularmente, internet (los participantes en el suceso se conocieron “online”). Finalizan con una advertencia: “El número de casos con síndromes parafílicos letales se ha incrementado recientemente y puede incrementarse aún más en el futuro a no ser que se lleven cabo extensas campañas de educación sexual, incluyendo tales síndromes”.



ResearchBlogging.orgRoma, P., Pazzelli, F., Pompili, M., Girardi, P., &; Ferracuti, S. (2012). Shibari: Double Hanging During Consensual Sexual Asphyxia Archives of Sexual Behavior DOI: 10.1007/s10508-012-0035-3