27/10/2012

¿Algún día serán menos religiosas las mujeres que los hombres?

Maternité, dit aussi l'Enfant au sein

Desde la primera encuesta de Gallup que señaló en 1945 una acusada brecha de género en la religiosidad de las personas, todas las evidencias son consistentes: las mujeres son más religiosas, y considerablemente menos ateas, que los hombres. En todas las sociedades registradas las mujeres tienen creencias religiosas más fuertes y participan más en las actividades de las instituciones religiosas.

Marta Trzebiatowska y Steve Bruce son los autores de un libro que se publicó el pasado mes y que pasa revista a la abundante literatura científica que ya se acumula sobre este tema. También se puede escuchar una entrevista a la autora en el podcast de The religious study project.

Según Trzebiatowska "no se trata de biología", sino de socialización. Las mujeres son más religiosas porque coincide que las instituciones religiosas satisfacen necesidades fundamentales, sobre todo en relación a la maternidad y el cuidado de los hijos. Trzebiatowska admite, sin embargo, que la interpretación espiritual que muchas mujeres dan al hecho de la maternidad no podría darse sin una "plantilla" religiosa previa.

Aquí es donde me parece que la hipótesis de la socialización flaquea. Si la "plantilla" debe estar ya ahí, entonces debe haber algo previo en la psicología femenina específicamente que predispone para la creencia antes que para la increencia.

De hecho, la psicología evolucionista tiene una explicación bastante plausible, muy bien resumida por Satoshi Kanazawa:

Los orígenes evolutivos de la religiosidad están en la gestión del riesgo. Resulta menos arriesgado sobreinferir agencia y en consecuencia ser susceptible a las creencias religiosas que infrainferir agencia y resultar muerto por los enemigos y los depredadores cuando menos te lo esperas (...) Las mujeres son más aversas al riesgo que los hombres, tanto porque las mujeres se benefician mucho menos de tomar riesgos (dado que hay un límite en el número de hijos que pueden tener y que no todas las mujeres tienen garantizado tener algún hijo durante sus vidas) como porque su descendencia sufriría si las mujeres buscan riesgos (y resultan lesionadas o muertas). Esta es la razón por la que los hombres son mucho más violentos y criminales que las mujeres. Si los hombres buscan más el riesgo que las mujeres, y si la religión es un medio evolutivo de minimizar riesgos, entonces se sigue de forma natural que las mujeres son más religiosas que los hombres.

Del mismo modo en que la "violencia" asociada a los hombres no es una fatalidad, ya que existen condiciones ecológicas y sociales óptimas en las que los hombres no se ven obligados a ser violentos (Steven Pinker ha escrito un libro de más de 1000 páginas sobre el efecto de la civilización en la disminución de la violencia), tampoco cabe presumir que la mayor religiosidad femenina sea una fatalidad evolutiva, "determinada genéticamente", o nada por el estilo.

La hipótesis "natural" de la religiosidad femenina no pide que la religiosidad esté biológicamente determinada, ni que la llamada brecha de género sea insensible a las condiciones ambientales. Sólo establece que, para una mayoría significativa de condiciones ecológicas y culturales, las mujeres tenderán en promedio a ser considerablemente más religiosas, y menos ateas, que los hombres. Un modo de probar que esta hipótesis natural es falsa sería mostrando un ejemplo real de sociedad en la que hay más mujeres ateas que hombres ateos, o donde los hombres practican y creen significativamente más en la religión que las mujeres. Una sociedad así, que sepamos, no existe. La hipótesis evolucionista predice que esta sociedad humana es, de hecho, extremadamente improbable, y también explica por qué.