Los mismos astrónomos suelen ser a menudo culpables de fomentar estas metáforas teológicas. Por ejemplo, Salman Hameed recuerda en su blog los "dedos de dios", una especie de pareidolia astronómica provocada cuando algunos racimos de galaxias lejanas parece que nos están señalando. De modo similar, se ha pretendido describir como "las huellas digitales de la Creación" a ciertas variaciones en la radiación cósmica de fondo.
Otros son todavía más explícitos subrayando sus intereses teológicos. En particular, la portada del diario español La razón de hoy es muy representativa. Al destacar las declaraciones del Canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias: "No hay ninguna contradicción entre el bosón de Higgs y la teología", claramente se da a entender que lo más importante no es el descubrimiento de la partícula, sino si es o no compatible con la teología católica. Es significativo que el protagonismo hermenéutico caiga sobre el Canciller Pontificio, no sobre los físicos. En cualquier caso, el enmarcado de la noticia parece muy influido por la necesidad de escapar a la tesis del conflicto.
A pesar de las acomodaticias declaraciones del Canciller, lo cierto es que no está claro si el descubrimiento de esta partícula intersecta o no con los intereses de la teología. En la medida en que el presunto descubrimiento de la partícula de Higgs pavimenta el camino hacia el conocimiento científico sobre el origen del universo, cabe recordar la advertencia de Juan Pablo II a Stephen Hawking (citado por Puente Ojea) durante un encuentro con científicos en 1981: "Nos dijo que estaba bien estudiar la evolución del universo después del Big Bang, pero que no debíamos indagar en el Big Bang mismo, porque se trataba del momento de la creación, y por tanto, de la obra de Dios". He aquí, según parece, el último de los escollos teológicos al conocimiento de la naturaleza.