27/2/2012

¿Para qué sirve un “experimento mental”?

En filosofía, los experimentos mentales designan "procedimientos de la mente (y sólo de la mente) para investigar la naturaleza de las cosas". Históricamente hablando, este tipo de procedimientos podrían haber desempeñado un papel importante en el desarrollo de la ciencia, como reconocía Thomas Kuhn. Sin embargo es apremiante distinguir los límites del experimento mental. ¿Qué podemos conocer acerca de la realidad mediante el mero pensamiento? ¿Qué instancias concretas son adecuadas para elaborar un experimento basado en el pensamiento? En la enciclopedia filosófica de Stanford hay una magnífica entrada dedicada a este tema:

Existe un acuerdo general de que los experimentos mentales desempeñan un papel central tanto en la filosofía como en las ciencias naturales, y una aceptación general de la importancia, la enorme influencia y el valor de algunos experimentos mentales bien conocidos en las ciencias naturales, como el demonio de Maxwell, el ascensor de Einstein, o el gato de Schrödinger. El siglo XVII vio a algunos de sus más brillantes practicantes en Galileo, Descartes, Newton y Leibniz. Y en nuestros tiempos, la creación de la mecánica cuántica y de la relatividad sería casi inimaginable sin el papel crucial desempeñado por los experimentos mentales. Gran parte de la ética, de la filosofía del lenguaje y de la filosofía de mente están fírmemente basadas en los resultados de experimentos mentales, incluyendo la habitación china de Searle y la tierra gemela de Putnam. La filosofía, incluso más que las ciencias, resultaría drásticamente empobrecida sin los experimentos mentales, lo cual sugiere que una teoría unificada de los experimentos mentales es deseable para darlos cuenta, tanto en las ciencias como en las humanidades.

Este recordatorio es interesante para precisar que los experimentos basados en el pensamiento no son herramientas propias de filósofos meditabundos, sino un rasgo común también en los científicos naturales.

El problema puede aparecer cuando la investigación mental no es contrastada por investigación empírica alguna; cuando "programas de investigación" completos, en especial en el campo de la filosofía (y de la filosofía de la mente), descansan casi enteramente en la discusión de los experimentos mentales. En estos casos es arriesgado aseverar (como hace el autor de la entrada en Stanford) que los resultados de esas disciplinas tengan realmente una fundación "firme". Una diferencia importante entre la llamada neurofilosofía (y la última "filosofía experimental") y la tradición de la filosofía analítica y la filosofía de la mente tradicional radica aquí.

Aquí se lo toman con mucho humor: Kripke dimite después de que un informe le acuse de falsificar resultados de experimentos mentales.