En la "era secular", la increencia y los modos de naturalismo no aparecen sólo como una posibilidad, sino a veces como la posición por defecto en ciertos grupos (científicos, académicos). Es más, Taylor describe el naturalismo como una corriente con un potencial espiritual propio que debe ser comprendido:
Dentro de este tipo de naturalismo, encontramos a menudo la admiración por los poderes de la razón libre y fría, capaz de contemplar el mundo y la vida humana sin ilusiones, y de actuar de forma lúcida en el interés del crecimiento humano. Un cierto asombro aún rodea a la razón como un poder crítico, capaz de liberarnos de las ilusiones y las fuerzas ciegas del instinto, así como de las fantasías que alimentan nuestros miedos y nuestro desánimo. Algo muy próximo a la plenitud descansa en este poder de la razón, que es enteramente nuestro, desarrollado a menudo por medio de nuestro esfuerzo heroico. Y es aquí cuando se nombra con frecuencia a los gigantes de la razón "científica": Copérnico, Darwin, Freud.
Esta descripción (viniendo de un "católico practicante" confeso tiene quizás más valor) inevitablemente recuerda al sentido de fuerza y plenitud que transmite la frase de Carl Sagan que en este momento encabeza el blog: "Es mucho mejor comprender el universo como realmente es que persistir en una ilusión, por satisfactoria y tranquilizadora que sea."
