La fenomenología o "el estudio de las estructuras de la conciencia según son experimentadas desde el punto de vista de la primera persona" es una filosofía de la conciencia fundada por Edmund Husserl aparentemente eclipsada por la neurociencia moderna, o al menos por la teoría "Damasio-Churchland", para decirlo con Shaun Gallagher. Gallagher y Zahavi piensan que la tradición fenomenológica puede recuperarse como neurofenomenología, un punto de vista alternativo a la neurofilosofía (PDF) de Patricia Churhland.Dicho con la mayor brevedad, lo que se proponen los fenomenólogos es explicar la conciencia humana "en los términos del significado que posee para el sujeto" empleando para ello un método diferente e independiente a la neurociencia experimental que habitualmente se relaciona con las explicaciones naturalistas de la conciencia.
Según Gallagher, la neurofenomenología podría ayudar a la neurociencia experimental al proporcionar un significado fenomenológico de los conceptos ("¿Qué es lo que intentamos explicar cuando intentamos explicar la conciencia o la intersubjetividad?") mucho más sofisticado al que da la introspección común. La neurofenomenología sería incluso ineliminable "si el proyecto consiste en perseguir una neurobiología de la conciencia".
Mis dudas con la fenomenología (más que con la neurofenomenología, que sí podría prestar servicios a la ciencia experimental) provienen justamente de este presunto carácter ineliminable. ¿Cómo lo saben? ¿Por qué están los fenomenólogos tan seguros de que su descripción de la estructura de la conciencia tiene un carácter a priori, por siempre independiente de la ciencia experimental? En particular, el problema de la definición de los conceptos (¿Qué es lo que intentamos explicar...?), no parece exclusivo de la conciencia. Es un problema general de la ciencia. El concepto de "especie" moderno es diferente al de la biología previa a Darwin y la teoría genética moderna. El concepto de "átomo" en Demócrito no es el mismo al de Bohr o Schrödinger. Y así sucesivamente. No se entiende muy bien por qué el concepto de "conciencia" puede descansar en el dogma de la experiencia fenomenológica (en la versión de Husserl y unos cuantos profesores de universidades occidentales, por cierto) ni tampoco por qué esta puede reclamar una relación privilegiada con el "sentido de la vida humana" y con las humanidades.
24 comentarios:
También el psicoanálisis (o las distintas escuelas o sectas psicoanalíticas), el existencialismo, la psicología humanista, la hermenéutica y el constructivismo social postmoderno comparten con la fenomenología la pretensión de explicar la conciencia humana "en términos del significado que posee para el sujeto". Y también últimamente se ha desarrollado una rama interdisciplinaria bautizada como "neuropsicoanálisis", que pretende, por ejemplo, poner en conexión las instancias psíquicas descritas por Freud (Ello, Yo, Superyo...) con distintas estructuras cerebrales, y que utiliza tecnologías como la resonancia magnética o la TAC para determinar qué partes del lóbulo frontal se activan al ponerse en funcionamiento los mecanismos de defensa freudianos (proyección, sublimación, formación reactiva, etc.). El problema de la neurofenomenología es básicamente el mismo que plantea el neuropsiconálisis: intentar establecer algún tipo de nexo o correlato entre los constructos hipotéticos fenomenológicos y psicoanalíticos (con frecuencia ambiguos, abstrusos, incoherentes y/o inverificables) no contribuye a hacer más científicas esas dos disciplinas tan controvertidas. Y es muy dudoso que aporten algo nuevo a los hallazgos de la neurociencia cognitiva-conductual.
Un saludo y enhorabuena al autor por esta extraordinaria bitácora.
Corrección: en la penúltima frase quise decir:
"intentar establecer algún tipo de NEXO o CORRELATO entre los CONSTRUCTOS hipotéticos fenomenológicos y psicoanalíticos (con frecuencia ambiguos, abstrusos, incoherentes y/o inverificables) y las ESTRUCTURAS CEREBRALES no contribuye a hacer más científicas esas dos disciplinas tan controvertidas."
Gracias, me parece un comentario muy ajustado. No sabía lo del "Neuropsicoanálisis".
Por otra parte, que los fenómenologos o los psiconalistas intenten construir disciplinas "neuro", parece un intento de salvar tradiciones o "escuelas" que sobreviven casi exclusivamente como "sectas" académicas autorreferentes. No me extrañaría que los praxeólogos (los seguidores de la escuela austriaca y de Ludwig Von Mises) intentaran hacer algo parecido.
Oye, esto no es lo de la "heterofenomenología" de Dennett? Porque se parece bastante ¿no?.
Con la importante diferencia de que la "heterofenomenología" de Dennett apuesta por el punto de vista realmente cientìfico, que es el de la "tercera persona", mientras que la fenomenología aún se pertrecha en la primera.
http://en.wikipedia.org/wiki/Heterophenomenology
Muy buenas. Es la primera vez que intervengo en esta bitácora aunque la sigo habitualmente. Felicitaciones, lo primero, por el meritorio trabajo de divulgación de temas y controversias científicas.
Adelanto que no comparto la, digamos, "línea editorial" del sitio, pero no le niego el interés y utilidad.
Respecto al asunto que se trata en esta entrada, éste fragmento:
"Mis dudas con la fenomenología (más que con la neurofenomenología, que sí podría prestar servicios a la ciencia experimental) provienen justamente de este presunto carácter ineliminable. ¿Cómo lo saben? ¿Por qué están los fenomenólogos tan seguros de que su descripción de la estructura de la conciencia tiene un carácter a priori, por siempre independiente de la ciencia experimental? "
Veámos, no me considero un fenomenólogo ortodoxo, pero suscribo plenamente lo de ineliminable, pero matizando. Lo que resulta inaceptable es la pretensión de la neurociencia de reducir la conciencia a neuronas, estructuras cerebrales, cerebro... Me parece una ingenuidad basada en un materialismo grosero, monista, que desde luego está muy lejano a mis posiciones.
El carácter ineliminable (irreductible a términos fisicalistas) de la conciencia radica en su naturaleza coextensiva. La conciencia no es una cosa simple, sino un entramado de relaciones entre cosas muy diversas. Por eso que si tomamos al cerebro, por ejemplo, como explicación estamos necesariamente falseando lo que la conciencia es.
Un ejemplo cercano para comprender el modo de razonar de los fenomenólogos podemos encontrarlo en la percepción de los colores. La neurociencia tiende a pensar, simplificando, que, por ejemplo, si expone a un sujeto a un estímulo rojo y descubre que ocurre en su cerebro (las estructuras que se activan, las neuronas implicadas y sus inteacciones) ya ha explicado la percepción del color rojo. Sin embargo la fenomenología se cierra en banda, porque el color está ahí, ante mis ojos, y no dentro de mi cabeza. Soy yo quien lo percibo y le encuentro significado, y es ese significar para mi lo que le confiere una entidad irreductible. Ellos dirían que escarbando en las neuronas podríamos encontrar los necesarios correlatos fisiológicos, pero no su significado. Y tienen razón, a mi juicio. A ver si consigo explicarlo.
La percepción del color rojo, es decir, su significado, no podemos encontrarlo de ninguna manera si nos limitamos, como es vicio de la neurociencia, a las estructuras e ignoramos las funciones. El sentido biológico de la percepción de colores no es otro que posibilitar al organismo la orientación en un mundo cambiante de forma relativamente estable, de forma que pueda lograr realizar comportamientos biológicamene críticos (alimentarse, reproducirse, evitar daños fisiológicos...) Así las cosas, y una y otra vez la neurociencia cae en este error, la percepción del rojo no se explica por la capacidad orgánica para distinguir colores (entre ellos en rojo) sino que se explica por el valor funcional que la discriminación de colores tiene para el organismo o para la especie. No es un mero juego de palabras. Las estructuras orgánicas, frente a lo que se piensa, no constituyen realidades desde las que emergen o brotan las funciones, sino que constituyen mecanismos para posibilitarlas, lo que es muy distinto. ¿Por qué? Porque las estructuras no determinan el funcionamiento del organismo, al contrario, las funciones del organismo (la puesta en uso de sus estructuras) establecen determinaciones en el mundo cambiante en el que el organismo se mueve. El mundo no está en la cabeza, en el cerebro, el mundo está ahí, donde está el organismo (envolviéndolo), por lo que explicarlo neurocientíficamente tiene un significado ecológico cercano a cero.
Las conductas no son meros recursos ortopédicos del organismo para que las estructuras orgánicas se expresen, más bien, me atrevería a decir, son las estructuras orgánicas quienes funcionan como sustentos necesarios para la expresión de las conductas.
La neurociencia confunde la metodología que emplea en sus investigaciones con la explicación, porque la neurociencia controla primero el contexto fenomenológico del organismo para observar las correlaciones fisiológicas, y con total ingenuidad tiende a pensar que conocidas las correlaciones puede prescindir de las operaciones fenoménicas sin caer en la cuenta de que las correlaciones fisiológicas son causadas por aquellas, y no al revés, porque desde el control de las operaciones fenoménicas podemos conocer el funcionamiento fisiológico, pero ese es un camino sin retorno, porque desde el control de las funciones fisiológicas es imposible producir operaciones fenoménicas. Estimulando las neuronas implicadas en la percepción del rojo no logramos que el organismo perciba el rojo, porque percibir el rojo implica comportarse (experimentar efectos distintos para el rojo que para el verde en el marco de ejecuciones ecológicas concretas) En otro caso percibiríamos el rojo sin ningún significado, es decir, como si estuviéramos, a nivel de consciencia, ciegos, vamos, que no lo percibiríamos. Todo lo más, dado que no restringiríamos todas las funciones del sujeto por determinar artificialmente el funcionamiento en una parte, provocaríamos una anomalía o trastorno a nivel de conciencia debido a la inversión del orden de la causación. Biológicamente hablando el orden sí altera el producto.
SkinnerBox, muchas gracias por estas observaciones. Intentaré contestar mañana.
Interesante exposición la de Skinnerbox. No obstante, me parece que su postura "fenomenológica" no es exactamente la misma que tenía Husserl sino, en todo caso, una fenomenología un tanto heterodoxa, que encajaría más bien con una postura funcionalista o heredera de la psicología funcionalista norteamericana.
Por lo que yo entiendo, la postura de los fenomenólogos husserlianos dista bastante de la psicología funcionalista americana: por lo pronto, porque la fenomenología pretende situarse en un plano trascendental (si bien la postura trascendental de Husserl se diferencia de la de Kant en que para Husserl lo trascendental está de alguna forma "embebido" dentro de lo mundano), mientras que el funcionalismo se sitúa en un plano empírico. Ello se traduce asimismo en que, mientras la fenomenología husserliana es anti-naturalista, la psicología funcionalista es naturalista y darwiniana. La fenomenología husserliana pretende describir la conciencia no como una realidad empírica (sea neurobiológica o fenoménica), sino como una dimensión trascendental, ni neurobiológica ni psicológica; es decir, pretende describir las estructuras y la forma de operar de una "subjetividad trascendental", que por definición no puede apresarse mediante conceptos empíricos.
La fenomenología husserliana es una derivación del racionalismo de raigambre platónica. Las esencias matemtáticas, lógico-formales, siguen siendo el núcleo de la fenomenología, aunque ya no formen parte de la estructura ontológica de lo real. Para la fenomenología ya no existe un "mundo en sí", sino sólo una conciencia que se encuentra en relación intencional con los objetos (no hay conciencia sin objetos, y no hay objetos sin conciencia). El problema es que la fenomenología no explica el origen del conocimiento que, como señala Skinnerbox, se halla en las operaciones desplegadas por el sujeto. El sujeto de la fenomenología es el sujeto descarnado del idealismo clásico. Por eso autores como Merleau-Ponty o José Ortega y Gasset, aunque empezaron siendo fenomenólogos, tuvieron que abandonar la fenomenología para explicar la "conciencia" en términos del sujeto de carne y hueso, activo e integrado en el mundo real.
Respecto a las pretensiones reduccionistas de la neurobiología respecto a la conciencia, en parte estoy de acuerdo con Skinnerbox. Por ejemplo, es inaceptable pretender que la conciencia es únicamente la oscilación eléctrica global en fase del sistema tálamo-cortical, como hacen algunos neurocientíficos filosóficamente ingenuos. El "sentido" no emerge sin más en el plano neurobiológico de la oscilación eléctrica; el sustrato neural no basta para dar cuenta del sentido adaptativo de una conducta. Para ello necesitamos explicaciones funcionalistas y darwinianas.
Excelente exposición Juan Carlos. Y has pillado bien el sentido de mi comentario. Efectivamente, más que defender la fenomenología husserliana pretendía hacer valer su adualismo frente al monismo de tanto neurocientífico.
Por cierto Juan Carlos, me ha resultado grato dar con alguien que conoce la tradición funcionalista norteamericana. Saludos.
Yo no estoy de acuerdo. Observo además que el adjetivo "grosero" se sitúa muchas veces detrás de "Materialismo" o "Fisicalismo" en esta clase de discusiones, sin que la argumentación en la que se sustentan semejantes latiguillos sea demasiado sólida o sofisticada. Por de pronto, recomiendo leer, o voler a leer, el libro de Wilson "Consilience", el capítulo sobre filosofia de la ciencia en "Neurofilosofía" de Patricia Churchland, asi como la versión mucho mas matizada del materialismo eliminativo, como "materialismo eliminativista".
La cuestión básica es si aspiramos a alcanzar una explicación científica de la conciencia, o de los fenómenos mentales en general, o no. La otra cuestión es si estamos dispuestos a admitir que la conciencia es un fenómeno físico o biológico, o no. Si la respuesta es afirmativa, no hay razón alguna para convertir la conciencia en una "excepción mística" independiente de la ciencia experimental. La conciencia será un fenómeno físico-biológico al lado de cualquier otro; por ejemplo, entender que la luz es un fenómeno electromagnético no es una explicación "materialista grosera", es una explicación correcta.
Por el contrario, los fenómenologos consideran que, de alguna manera, su descripción de la conciencia se da "a priori", y qué ya son capaces de explicar "qué" queremos explicar. Pero esta metodología es dudosamente científica, puesto que cualquier término del campo científico no se puede determinar a priori (ni "conciencia" en neurociencia, ni "especie" en biología, ni "átomo" en física, ni nada). Sencillamente, lo que queremos explicar es algo que aparece en el curso de la investigación, wn el curso de las ciencias experimentales, y no se puede pretender -algo en lo que llevan todo la razón los materialistas eliminativos- que la neurociencia deje intactas las descripciones fenomenológicas.
"mas matizada del materialismo eliminativo, como "materialismo eliminativista"."
como materialismo revisionista (revisionary materialism), quería decir.
Gracias, Skinnerbox. Mi interés por la psicología funcionalista americana nació a raíz de la lectura de dos libros. El primero es un libro de Peter Bowler, 'El Eclipse del Darwinismo', donde se relata el curioso hecho de que, entre 1880 y 1910 aproximadamente, la gran mayoría de los biólogos eran evolucionistas pero en absoluto darwinistas, defendiendo teorías evolutivas lamarckianas, ortogenéticas y mutacionistas. En cambio, al mismo tiempo una porción significativa de la recién nacida ciencia de la Psicología era darwinista, sobre todo la escuela funcionalista americana, con autores como William James y James M. Baldwin.
El segundo libro es 'Historia de la Psicología Animal. De Darwin al Conductismo', de Robert Boakes, donde se describe cómo el propio Darwin dio una importancia cada vez mayor a la Psicología en los últimos años de su vida, considerándola una parte esencial de la Teoría de la Evolución. De hecho, en este libro se demuestra cómo Darwin puede ser considerado no sólo como el padre de la Ciencia Biológica moderna, sino también como uno de los padres de la Psicología Científica (en su vertiente funcionalista).
Un cordial saludo.
Un poco apresuradamente contesto (si puedo más tarde desarrollo mejor la respuesta).
Eduardo, mis posiciones no van contra al materialismo en general. Yo me considero materialista (claro que eso no vale de justificación, porque que yo me considere materialista no me libra de la posibilidad de padecer el más extremado idealismo), pero defiendo un materialismo pluralista.
Personalmente creo que es viable e incluso deseable una síntesis psicobiológica, pero no entiendo esta síntesis como la eliminación de los aspectos psicológicos, sino como su integración en el proceso biológico global. Claro que esto espanta a mucho biólogo y neurocientífico, porque lo psicológico introduce un factor de inestabilidad que seguramente obliga a ser más humildes.
Volviendo al tema de la conciencia. Yo estoy de acuerdo contigo, Eduardo, en que es un fenómeno biológico (la piedras no parecen tenerla) sin embargo inabarcable desde parámetros fisicalistas/neurológicos. Porque, a mi juicio, la conciencia es operatoria, es decir, implica al sujeto corpóreo en su totalidad (manos, cerebro, ojos...) actuando en un mundo físico, desde luego, pero sobre el cuál el sujeto cognoscente debe establecer un orden: aprendiendo, discriminando y generalizando, diferenciando y asemejando, juntando y separando, en definitiva, operando/transformando. El problema de la neurociencia es que al concentrarse en el cerebro pierde la perspectiva, porque el propio cerebro, sin negar que sea, como todos, un órgano siempre organizado y no una masa amorfa, está moldeándose y conformándose de forma continua a través de las operaciones del sujeto; por lo que la neurociencia, sin lugar a dudas útil, comete una imprudencia cuando pone el intermitente para adelantar, negándose a admitir modestamente que está condenada a ir por detrás, puesto que si adelanta está bloqueando o interrumpiendo las funciones u operaciones que pretende explicar, he aquí el meollo de la cuestión. Y son las funciones las que determinan o van determimando al sistema nervioso y no el sistema nervioso quien determina las funciones. Ahora bien, las funciones, claro está, no podemos consierarlas metafísicamente libres (mentales), puesto que son corpóreas, es decir, están posibilitadas por las estructuras somáticas, a la vez que "funcionan" sobre un mundo evidentemente físico.
Yo pienso que no debe identificarse sin más al materialismo eliminativista (o "revisionista") como la única explicación científica de la conducta, condenando así a la catacumba del idealismo y el "misticismo" a las otras teorías filosóficas de la mente (materialismos no eliminativos, materialismo emergentista, funcionalismo computacional). Por lo pronto, el materialismo eliminativo es una filosofía de la mente, lo cual no supone menoscabo alguno ya que, como el filósofo Mario Bunge ha señalado en más de una ocasión, ni siquiera las ciencias experimentales están libres de términos, conceptos y problemáticas filosóficas, lo cual obliga, en aras del rigor, a explicitar y sistematizar la filosofía implícita en las ciencias.
El materialismo eliminativo es una de las corrientes más importantes dentro de la actual filosofía de la mente, pero no es la única. Aquí tan sólo me gustaría citar a Daniel Dennett, quien en ocasiones es considerado como un materialista eliminativo en lo que se refiere a los qualia y a los aspectos fenoménicos de la conciencia, pero que no es en absoluto un materialista eliminativo en lo referente a los contenidos proposicionales o la "actitud intencional" característica de la conciencia. Dennett habla de tres niveles de análisis de la conciencia, progresivamente más abstractos: el nivel físico (que es el nivel de la física y la química), el nivel del diseño (que es el nivel de la biología y la ingeniería), y por último el nivel intencional (que es el nivel del software computacional y de la mentes). No hay nada "místico" ni sobrenatural en el nivel intencional: es sencillamente un nivel de explicación complementario de los niveles físico y de diseño, y sin él illamente se dejaría de lado uno de los aspectos fundamentales de la conciencia. Este nivel intencional sería el propio de la fenomenología empírica (no trascendental como la de Husserl). Cuando predecimos que un pájaro echa a volar porque sabe que hay un gato acercándose a él, o cuando sospechamos que un vecino nos va a engañar por su mirada maliciosa, estamos situados en la perspectiva intencional, mediante la cual interpretamos la conducta de un determinado ente atribuyéndosela a un agente activo gobernado por estados intencionales (pensamientos, creencias, deseos, etc.). La postura de Dennett es que no podemos prescindir de este nivel de análisis si queremos entender la conciencia.
Por lo tanto, la conciencia es un fenómeno físico y biológico, sí, pero también intencional.
Juan Carlos, dos referencias bibliográficas muy oportunas. Y muy interesante también tu último comentario citando a Bunge y a Dennett. No obstante tengo serios problemas con Dennett y en general con la psicología computacional, en la que de una u otra manera se apoya.
La psicología computacional, efectivamente, acaba por admitir el nivel intencional a través de la idea del software o de la estructura lógica de la mente, pero curiosamente es la idea de software la que desnaturaliza, me parece, el sentido que el concepto de intención pudiera tener.
Tomo este fragmento:
"Este nivel intencional sería el propio de la fenomenología empírica (no trascendental como la de Husserl). Cuando predecimos que un pájaro echa a volar porque sabe que hay un gato acercándose a él, o cuando sospechamos que un vecino nos va a engañar por su mirada maliciosa, estamos situados en la perspectiva intencional, mediante la cual interpretamos la conducta de un determinado ente atribuyéndosela a un agente activo gobernado por estados intencionales (pensamientos, creencias, deseos, etc.)"
A mi juicio este párrafo revela mentalismo cognitivista porque la intención no es la emanación de ningún ente gobernado por estados mentales (creencias, pensamientos, deseos...) sino que está presente en el mismo hecho de comportarse. Los comportamientos no son programables en ningún software instalado en un hardware, los comportamientos son ejecuciones concertadas por el sujeto para lograr algún fin, y el "concierto" no surge de la aplicación de un programa lógico-algorítmico, las construye el sujeto co-ordenando movimientos sobre la base a sus experiencias (operatorias)anteriores en el contexto presente.
A mi parecer el punto débil de Dennett es que ignora el carácter operatorio de los sujetos, o al menos ignora el sentido viviente y no maquinal ni mental de sus operaciones, pues a la postre las intenciones pertenecerían, como digo, al nivel del software, y yo afirmo que pertenecen al sujeto corpóreo que se comporta, es decir, al sujeto que INTENTA transformar el mundo haciendo presentes operatoriamente partes del mundo que están subjetivamente ausentes, por usar aquí el concepto de copresencia de Ortega y Gasset. La intención, pues, no es otra cosa que el intento corpóreo de transformación por parte de un sujeto, y por tanto no un concepto mental o lógico instalado en una entidad agente que haya que descifrar mediante un proceso heterofenomenológico. El proceso heterofenomenológico no "descubre" la intención mental, descubre intención conductual: la mirada maliciosa del vecino no la atribuimos a un agente gobernado por estados intencionales a partir de lo cual podamos descubrir sus intenciones conductuales, la mirada maliciosa sólo puede interpretarse como un comportamiento, es decir, como parte de una secuencia operatoria en la que alguien trata de transformar alguna realidad para que nuestra conducta se oriente de forma interesada.
Las conductas no son, como sugieren los psicólogos computacionalistas, un recurso auxiliar para acceder a las intenciones profundas de un agente insertadas en un programa lógico; las intenciones se manifiestan directamente en las conductas cuando entendemos que no son meros movimientos mecánicos (resultado de procesos maquinales o mentales), sino, repito, las operaciones transformadoras de un sujeto.
Saludos.
Bien, Skinnerbox, me parece muy interesante tu exposición constructivista piagetiana (si no te he malinterpretado), pero no estoy de acuerdo con tu minusvaloración de la psicología computacional, como si fuera uno de los últimos reductos del espiritualismo metafísico. El término "mentalismo" aplicado al funcionalismo computacional puede significar mucho o bien muy poco, dependiendo del alcance que se le quiera dar. Si "mentalismo" se entiende en su sentido apodíctico, como únicamente señalando todas aquellas escuelas psicológicas que no son conductistas y que no se resisten a hablar en términos de "mente" y de "procesos mentales", entonces el cognitivismo sí es "mentalista", pero en ese caso el término sería tan amplio que apenas sería relevante, salvo desde un punto de vista conductista. Si por "mentalismo" se entiende específicamente el dualismo cartesiano de marcado carácter metafísico y espiritualista, dualista y anti-materialista, entonces la psicología no es en absoluto "mentalista", pues su fundamento filosófico es materialista y mecanicista: ningún psicólogo computacional negará que los procesos cognitivos son procesos físicos y biológicos llevados a cabo por el cerebro.
En segundo lugar, Dennett no afirma que la intención sea una "emanación" (sea lo que sea lo que esto signifique) de un ente gobernado por estados mentales tales como intenciones, deseos, creencias, etc. Más bien lo que afirma Dennett (y con él una importante corriente de la psicología y la filosofía de la mente computacionales) es lo contrario: la "intención" es un estado o una serie de estados que un sistema cognitivo atribuye a determinados entes con el fin de predecir, controlar y/o explicar sus comportamientos. En ningún momento el computacionalismo sugiere que un ente esté gobernado por estados intencionales tales como deseos y creencias, sino que estos estados les son ATRIBUIDOS a determinados entes por otros entes dotados de la capacidad cognitiva (y, por ende, cerebral) suficiente como para hacer ese tipo de atribuciones. De hecho, los psicólogos computacionales tienden a pensar que la conducta no está en absoluto gobernada por esos estados intencionales (creencias, deseos, emociones, etc.) atribuidos, sino, antes bien, por procesos de carácter computacional a los que el propio sujeto no tiene acceso. Tales procesos (computaciones sobre representaciones simbólicas) no son sino descripciones de carácter lógico-algorítimico de determinadas actividades cerebrales. Así pues, en ningún momento nos salimos de la órbita del materialismo.
Por último, pienso que la psicología cognitiva no ignora en absoluto el carácter operatorio de los sujetos, sino que sencillamente se sitúa en un plano explicativo distinto al de la conformación de estructuras operatorias a partir de la actividad de los sujetos. La psicología computacional se sitúa en un plano microgenético, en virtud del cual se explica cómo el conocimiento se convierte en acción aquí y ahora, en un momento puntual de la vida del sujeto. En cambio, la psicología constructivista piagetiana (desde la que Skinnerbox parece formular su crítica al computacionalismo) se sitúa en un plano macrogenético, en virtud del cual se explica cómo la acción se transforma en conocimiento; además, dicha transformación tiene lugar a lo largo del desarrollo cognitivo del sujeto, pasando por una serie de estadios operatorios magníficamente descritos por Piaget en sus estudios clásicos. Así pues, no veo que exista ninguna contradicción entre la operatoriedad característica del sujeto que transforma el mundo y que construye su propio conocimiento a partir de su interacción -como sujeto de carne y hueso- con ese mundo, y el carácter computacional de los procesos mentales que en un determinado momento del desarrollo dan cuenta de la ejecución de una conducta concreta. En el primer caso nos situamos en un plano macrogenético, y en el segundo en un plano microgenético. Creo que Skinnerbox confunde esos dos planos, y de ahí su malentendido (en mi opinión) respecto al alcance y sentido de la teoría computacional de la mente frente al constructivismo piagetiano.
Es más, las recientes (o no tan recientes) teorías cognitivas de la "embodied mind" o "mente embebida", por ejemplo, tienen en cuenta ese carácter corpóreo y operatorio de los sujetos de carne y hueso que interactúan con el mundo material. La incorporación de estas teorías al corpus teórico de la psicología computacional ha servido para corregir algunos sesgos "internalistas", por así decir.
Un saludo.
Juan Carlos, primero realizaré unos comentarios sobre la primera parte de tu respuesta y después sobre la segunda parte.
Dices:
"Si por "mentalismo" se entiende específicamente el dualismo cartesiano de marcado carácter metafÌsico y espiritualista, dualista y anti-materialista, entonces la psicología no es en absoluto "mentalista", pues su fundamento filosófico es materialista y mecanicista: ningún psicólogo computacional negará que los procesos cognitivos son procesos físicos y biológicos llevados a cabo por el cerebro."
Mecanicista, esta es la palabra clave, y la que me hace sospechar del “materialismo” computacionalista, es decir, me hace sospechar que esta psicologÌa está atravesada por el dualismo cartesiano (mecanicista/mentalista)
En efecto, la psicología computacional es pretendidamente materialista y no dualista, pero su construcción teórica, desnaturalizadora de los procesos psicológicos por concebirlos como procesos algorítmicos, le empuja hacia el mentalismo o dualismo cartesiano (representacional) inevitablemente. Y esto es así porque las operaciones de un organismo, las operaciones psicológicas, se analizan como procesos lógico-algorítmicos de la máquina-cerebro que representa el mundo externo codificandolo, suponiendo, al modo cartesiano, que representar es conocer. La mente es el software. Es una mente instalada en el cerebro (esta es la novedad materialista) y la ilusión de la psicología computacional es la de desvelar la lógica subyacente o profunda del software mental, es decir, alcanzar el modo en que el cerebro o el software instalado en el cerebro, codifica, elabora y procesa la información controlando los estímulos supuestamente entrantes y las respuestas supuestamente salientes (digo supuestamente, porque desde un naturalismo genuino no cabe decir que los estímulos perceptivos entren en el organismo y tampoco que las conductas o "respuestas" salgan de él, este prejuicio funciona cuando se considera al sujeto al modo mecanicista-cartesiano, dentro del cual reside la mente) para así construir los psicólogos computacionales algoritmos teóricos que “encajen” con los resultados, y siendo que si encajan podrían considerarse descubiertos los verdaderos algoritmos mentales (aprovecho para recordar el recurrente problema de la indeterminación de la psicología computacional, dado que para cada resultado experimental caben multitud de modelos explicativos, y los psicólogos del cómputo se ven en la penosa tarea, por interminable,de tener que decidir que modelo es el verdadero).
(SIGUE...)
Escribes más adelante:
"Dennett no afirma que la intención sea una "emanación" (sea lo que sea lo que esto signifique) de un ente gobernado por estados mentales tales como intenciones, deseos, creencias, etc. Más bien lo que afirma Dennett (y con él una importante corriente de la psicología y la filosofía de la mente computacionales) es lo contrario: la "intención" es un estado o una serie de estados que un sistema cognitivo atribuye a determinados entes con el fin de predecir, controlar y/o explicar sus comportamientos. En ningún momento el computacionalismo sugiere que un ente esté gobernado por estados intencionales tales como deseos y creencias, sino que estos estados les son ATRIBUIDOS a determinados entes por otros entes dotados de la capacidad cognitiva (y, por ende, cerebral) suficiente como para hacer ese tipo de atribuciones."
¿Y por qué el sistema cognitivo se ve impelido a realizar tales atribuciones? Una vez más las contradicciones de la psicología computacional. Si tales estados no son reales, ¿por qué el sistema se ve obligado a valerse de ellos? Sospecho que la psicología computacional reconoce implícitamente su incapacidad o escaso alcance teórico, pues si un sistema cognitivo tiene que recurrir a tan “fantásticos” conceptos para explicar el funcionamiento de otro sistema cognitivo será porque le resulta imposible desentrañar su funcionamiento lógico, lo que viene a ser un reconocimiento tácito de la incapacidad para rebasar el plano psicológico en el que se dan las verdaderas operaciones intencionales, no supuestas ni fantásticas ni atribuidas, reales.
Y cierras así:
"De hecho, los psicólogos computacionales tienden a pensar que la conducta no está en absoluto gobernada por esos estados intencionales (creencias, deseos, emociones, etc.) atribuidos, sino, antes bien, por procesos de carácter computacional a los que el propio sujeto no tiene acceso. Tales procesos (computaciones sobre representaciones simbólicas) no son sino descripciones de carácter lógico-algorítimico de determinadas actividades cerebrales. Así pues, en ningún momento nos salimos de la órbita del materialismo."
Nos metemos en la órbita del mecanicismo, que en biopsicología remite al dualismo. ¿Quién interpreta los procesos computacionales? ¿De qué forma se convierten en significativos y relevantes dichos procesos? ¿De que manera la actividad cerebral se traduce en actividad conductual imprescindible para la adaptación? Sólo un software místico e inaccesible (accesible sólo a través una estrategia adivinatoria) parece poder explicarlo. El problema no es deshacerse de las intenciones ni las emociones, el problema es no entender su sentido conductual, operatorio. Así habrá que recurrir a reencontrase de nuevo con los contenidos psicológicos, pero vergonzosamente, por la puerta de atrás, como un recurso de relleno necesario para sostener o dar valor al concepto de software mental, que de otra forma resultaría inoperante, y que, en cualquier caso, cuando se adopta una postura verdaderamente naturalista, resulta irrelevante y gratuito.
(SIGUE...)
Resumiendo,
La ambigüedad de la psicología computacional, a mi juicio producto de su dualismo, le lleva a negar y afirmar constantemente conceptos tales como el de intención, porque se mueve entre el mecanicismo (fase de eliminación) y el mentalismo (fase de recuperación). En el momento mecanicista la intención supone un estorbo, por ejemplo cuando hablamos estrictamente de procesamiento algorítmico de información, pero resulta necesario cuando, atrapados en el prejuicio fisicalista, regresamos al sujeto concreto que se enfrenta a una tarea-problema y la intención es aquello que hay que explicar. Así que "la intención", o si se prefiere, el intento ya efectivo de un sujeto parece residir en un metafísico sofware mental o en un no menos metafísico cerebro, es decir, en un rector interno que determina (decide) qué debe hacerse aquí y ahora para solventar la tarea. Al fin la psicología computacional produce una doble paradoja en su sistema filosófico: por una parte la mecanización de la mente (los estados mentales son algoritmos) y por otra la psicologización de la máquina (los procesos algorítmicos son o se corresponden a los estados mentales de un sujeto).
Juan Carlos, con respecto a la segunda parte de tu respuesta, muy interesante, por cierto, yo creo que resulta problemático separar el plano micro y el macro, el plano sincrónico-estructural y del diacrónico-funcional, porque uno siempre remite al otro, y cuando se pretende hacer abstracción de uno la figura se vuelve borrosa. Si la conciencia, el conocimiento, se cosifican, y se cae en el absurdo de pensar que ellos (mecánicamente considerados) explican los actos, el plano macro pierde su significación y su naturaleza irreductible y habría que considerarlo forzosamente una sucesión o yuxtaposición de momentos micro (como el cine es la sucesión de fotogramas).
Cuando se adopta una posición naturalista las estructuras físicas sincrónicas habrá que entenderlas como adaptándose, cambiando o desarrollándose en función de la continua actividad del sujeto en el mundo. No cabe explicar reduccionistamente ésta desde aquellas. Y, aunque sea cierto que las estructuras (morfofisiológicas, físicas) imponen en cada momento las condiciones de canalización de las funciones, resulta inviable conocer las funciones desde ellas. Más bien las estructuras habrá que interpretarlas como partes integradas en el discurrir funcional, y por tanto más bien son las estructuras las que pueden y deben identificarse y conocerse una vez que se ponen en uso (una vez que funcionan). Al tiempo, ya digo, las funciones no pueden darse disociadas de estructuras ya dadas. Las funciones, por tanto, no se reducen a estructuras ni lo contrario, sino que ambas se conjugan de tal forma que no podemos tomarlas por separado, y a mi parecer se hace inviable tratar de forma independiente el plano micro y el plano macro, esto es, resulta imposible hacer abstracción de ambos momentos porque muestran una dualidad irreductible a la ver que indisociable.
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada
Los comentarios están moderados, pueden tardar en aparecer.