A pesar de los fastos y eventos mundiales por el 150 aniversario de la publicación de El origen de las especies, los expertos denuncian que el creacionismo está en auge también en Europa. El penúltimo toque de atención lo ha dado James D. Williams, desde la universidad de Sussex, Gran Bretaña.
En su libro Rompiendo el hechizo, Daniel Dennett ya advertía que incluso las personas más inteligentes pueden llegar a sostener creencias flagrantemente erróneas mientras sean avaladas por las autoridades de sus comunidades. La gente inteligente puede ser creacionista especialmente si ha sido expuesta por presiones educativas tempranas, reforzadas más tarde por el apego social a esposas, amistades y asociaciones.
El adoctrinamiento creacionista juega además con una ventaja importante: el esencialismo (la creencia en en que las especies poseen esencias permanentes) arraiga en la naturaleza humana. Parece que los niños entre 8 y 10 años desarrollan de forma independientes ideas "creacionistas" sobre el origen de las especies, incluso cuando no han sido expuestos a una educación particularmente religiosa. Este esencialismo ingenuo puede ser muy resistente a las críticas especialmente cuando es respaldado por las autoridades educativas, tal como recuerda Williams.
El adoctrinamiento pseudocientífico en las escuelas no tiene nada que ver con la "libertad" de los padres o de las comunidades religiosas. Tampoco puede ser tratado como una "visión del mundo" respetable, sino simplemente como una concepción errónea y una irresponsabilidad pedagógica que obstaculiza gravemente el desarrollo del juicio crítico en los niños. "Enseñar la controversia" no es libertad, sino abuso infantil.
