Hoy conocemos el funcionamiento del placebo a una escala mucho más próxima. Empleando métodos de neuroimagen, Eippert 1 y su equipo han localizado células específicas de la médula espinal (concretamente en el asta dorsal) responsables del efecto y ya se especula con emplear el conocimiento de estas bases neurales para desarrollar tratamientos nuevos, químicos o cognitivos.
Sería posible aventurar que muchos tratamientos tradicionales, incluyendo los que tienen un carácter "espiritual" y simbólico, serán drásticamente revisados en el futuro si aprendemos a replicar los opiáceos naturales (endógenos) que ayudan a relajar la actividad de nuestro sistema nervioso en respuesta al sufrimiento.
