Han transcurrido ya 50 años desde que Carl G. Jung publicó Ein moderner mythus, titulado Sobre cosas que se ven en el cielo (Nilo-Mex, 1983) en la edición mexicana que yo he vuelto a leer estos días. Todavía en 1959, después de las observaciones de Kenneth Arnold, de los primeros informes oficiales que negaban una realidad física al fenómeno o de la estrafalaria experiencia de George Adamsky, Jung podía considerar el furor por los platillos volantes como un "mito vivo" digno de la mayor atención psicológica. Según la particular visión del psicoanalista suizo, el fenómeno OVNI no sería simplemente un conjunto de relatos sin sentido como denunciaban los "racionalistas", sino una especie de rumor visionario de carácter colectivo basado en la proyección psicológica de imágenes arquetípicas. Para decirlo brevemente, según Jung por entonces estábamos viendo a Dios en forma de platillo volante, de acuerdo con los condicionantes geopolíticos e ideológicos de la época (racionalismo instrumental + guerra fría):La situación actual del mundo es la más apropiada para suscitar la expectación de un acontecimiento redentor, supraterrestre. Si esta expectación no se manifiesta con toda claridad, ello se debe tal vez únicamente al hecho de que ya nadie tiene tan firmemente sus raíces en la cosmovisión de siglos anteriores para poder considerar como obvia una intervención del cielo. En efecto, en nuestra evolución nos hemos apartado ya mucho de la seguridad metafísica de la Edad Media, pero así y todo no tanto que nuestro fondo y nuestros antecedentes históricos y psicológicos se hayan liberado de toda esperanza metafísica.De hecho, los OVNIS se presentan corrientemente como objetos "metafísicos", resplandecientes, parecidos a cuerpos gaseosos y que se comportan como si careciesen de peso. En suma, se manifiestan como espíritus. Y esto sin perjuicio de que el mito de los OVNIS, mientras continua vivo, conserva un importante anclaje físico y tecnológico. La expectación ante un "acontecimiento redentor" venido del espacio exterior natural y conocido (por ejemplo, de Marte) es justamente el gran tema de la ciencia-ficción de la época, encarnado en el "humanista extraterrestre" Klaatu (Ultimatum a la tierra, 1951).
Sin embargo, a medida que aumenta el desencanto por el incumplimiento de las promesas de "contacto", el fenómeno tiende cada vez más a espiritualizarse -como sucede con las demás expectativas metafísicas. Una tendencia natural que certifica la propia ciencia-ficción cinematográfica, cuando Steven Spielberg termina por imputar un origen "adimensional" a los alienígenas de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008), en franco contraste con los aliens mucho más físicos y tangibles de Encuentros en la tercera fase (1977) y, sobre todo, de E.T.: El extraterrestre, dos películas que corresponden con el auge vital del mito OVNI.
A pesar de los esfuerzos de algunos periodistas especialistas en "misterios" y otros magufos supervivientes en busca de público adolescente, hoy el mito de los OVNIS no tiene la vitalidad de hace medio siglo y es improbable que la recupere. Una actitud escéptica y desencantada es incluso la más habitual entre los propios "estudiosos" del fenómeno, como refleja -por ejemplo- este comentario de Robert Sheaffer publicado ya en los años ochenta del siglo pasado (Veredicto OVNI, TIKAL ediciones, 1994):
A pesar de su retórica altisonante, y sus pretensiones de objetividad científica, los hechos irracionales aceptados con entusiasmo por diversos grupos del movimiento ovni -"realidades alternativas", los Hombres de Negro, Hombres Murciélago, Mujeres Lobo y muchas cosas absurdas y fantásticas- identifican, con toda claridad a los ufólogos como hermanos de otros irracionalistas de épocas pasadas y presentes: astrólogos, intérpretes del aura, teósofos, promotores de la energía de las pirámides, entusiastas del triángulo de las Bermudas y muchos otros que forman una lista interminable).








13 comentarios:
Hola Eduardo!
Te leo por sugerencia del amigo Ricardo Campo. Siento disentir contigo en esta oportunidad: el carácter mágico-religioso de las visiones de ovnis y la familiaridad que éstas comparten con otras creencias sólo alcanza para cuestionar la existencia de un fenómeno físico.
Pero nos dice bastante poco sobre lo que sucederá en el futuro, sobre quiénes serán sus protagonistas y sobre qué historias nos vendrán a hablar, si es que vienen a hablarnos de algo, las personas que aseguran tener estas experiencias.
El pasado nos revela que las cosas que se ven en el cielo sufren más bien un proceso de continuas "reencarnaciones" y mutaciones. Hace varias décadas que prosigue, aunque de vez en cuando se tome "respiros".
¡Saludos y gracias por tus reflexiones!
AleA
Interesante entrada, yo soy de los que piensan que proyectamos nuestras esperanzas en lo que creemos ver. El fenómeno ovni, lejos de ser una "chorrada" como muchos rápidamente dicen, es un tema muy interesante desde el punto de vista antropológico y físico, pues no solo están implicados fenómenos atmosféricos en algunos casos espectaculares, sino que se puede estudiar desde la fisiología humana (sustancia alucinógenas endógenas), desde la psicología (que ven y por qué ven eso y no otra cosa) y desde la historia... pues cuando antes se veía una luz y esa luz era la virgen María, ahora esa misma luz es un ovni de otro planeta...
Un saludo
Es verdad que los platos voladores están en horas bajas y ya no venden tantas noticias como en el siglo pasado, pero de momento con ellos se han creado unas cuantas religiones de cierto éxito. Ahora mismo se me ocurren los raelianos, los urantianos y especialmente los cienciólogos que están funcionando bastante bien.
Me parece simplista atribuír el fenómeno OVNI a una mera psicosis colectiva, por muy complaciente que nos resulte a los escépticos la incardinación de los fenómenos incomprensibles en un marco psicologista.
Detrás de muchos testimonios se encuentra gente instruída en disciplinas que confieren cierta capacidad de discernimiento a la hora de distinguir una ensoñación de un bólido o de un globo sonda. Yo mismo, sin ir más lejos, avisté en una ocasión lo que me parecieron dos alas delta iguales entrecruzándose en su vuelo, sin iluminación y en plena noche. Ningún artefacto que conozca puede hacer tan temeraria virguería.
Desde luego a mi no me cabe la más mínima duda de que detrás del fenómeno OVNI hay más cera de la que arde, sin tener por ello que lanzar la imaginación hacia desiertos ni montañas lejenas, si me permitís parafrasear al inefable ex-presidente.
Ningún artefacto que conozca puede hacer tan temeraria virguería.
Pon un maño a los mandos y dile que no se puede...
Que detrás de muchos testimonios haya gente instruida no impide que en ciertas ocasiones no sean capaces de identificar un estímulo natural o artificial. A nadie lo entrenan para no se confunda nunca; eso es imposible. Abundan los ejemplos de pilotos comerciales con miles de horas de vuelo que informaron de una luz extraña no identificada que resultó ser Venus después de una consulta a un programita de representaciones planetarias. Mira la etiqueta "Venus" en este blog:
http://misteriosdelaire.blogspot.com
El argumento de que los testimonios OVNIS están avalados por "gente instruída", tan habitualmente empleado por los ufólogos, es muy débil. En primer lugar, porque siempre es posible que un testigo, por "cualificado" que esté para diferenciar estímulos, haga una interpretación errónea. En segundo lugar, porque la gente "instruída" (y los pilotos de aviación no son precisamente la clase más ilustrada) también es vulnerable a los mitos y al misticismo. Así que Jung -aunque no se participe de su espiritualismo- sí que captó algo importante en el fenómeno: lo importante no es en sí el estímulo físico, sino la interpretación (que a menudo es místico-religiosa) del mismo.
Pues si no debe considerarse relevante que quien no sepa explicarse un fenómeno aéreo extraño sea piloto o el frutero de la esquina entonces es que hay que eliminar la instrucción a los pilotos y que los aviones los lleven los fruteros. ¿O no? Porque claro, nadie está afirmando aquí que un título o una licencia confiera infalibilidad papal, pero sí que aumenta las probabilidades de que la interpretación sobre sucesos que acaezcan en su dominio temático sean moderadamente más sensatas incluso que las de un filósofo o un psicólogo que nunca ha salido de su departamento.
Pues si no debe considerarse relevante que quien no sepa explicarse un fenómeno aéreo extraño sea piloto o el frutero de la esquina entonces es que hay que eliminar la instrucción a los pilotos y que los aviones los lleven los fruteros. ¿O no? Porque claro, nadie está afirmando aquí que un título o una licencia confiera infalibilidad papal, pero sí que aumenta las probabilidades de que la interpretación sobre sucesos que acaezcan en su dominio temático sean moderadamente más sensatas incluso que las de un filósofo o un psicólogo que nunca haya salido de su departamento.
Nadie ha negado que un piloto esté más cualificado, en general, para distinguir estímulos físicos en el cielo. Lo que hemos dicho Ricardo y yo es que, de cualquier modo, los testigos "cualificados" no son infalibles, y que no son individuos particularmente libres de efectuar proyecciones místicas o religiosas (el mito OVNI apenas se hubiera difundido de no ser por el significado místico-religioso que habitualmente se le confiere), como demuestra la biografía de muchos científicos que también han sostenido todo tipo de creencias proféticas, religiosas o místicas a lo largo de la historia.
Los pilotos saben reconocer muy bien otros aviones en vuelo, y seguramente saben reconocer estímulos astronómicos mucho mejor que la media porque los ven varias veces a la semana. Pero no les ha evitado ser incapaces en ocasiones de reconocer un planeta, una estrella o un bólido como lo que son. No digamos ya con fenómenos mucho menos frecuentes como las reentradas de chatarra espacial o los lanzamientos de misiles balísticos a centenares de kilómetros de distancia. Hay abundante casuística al respecto.
No hay que eliminar la instrucción de nadie, ni sancionarlos por contar cosas "raras", ni presuponer falta de profesionalidad, ni argumentar sobre más que probables confusiones o no identificaciones supone, como estúpida y maliciosamente buena parte de la ufología de feria asegura, cuestionar esa profesionalidad: es algo que se produce porque no puede dejar de producirse. A ello se une que estamos en una cultura donde el mito ufológico está activo, es decir, circulan relatos de observaciones celestes luminosas extrañas. A la hora de informar de esas observaciones el repertorio lingüístico del que dispone el piloto es limitado. Se une a ello el hecho de que en Ovnilandia el testimonio de los pilotos está sobrevalorado porque se les considera los "sabios del cielo que saben lo que ven y no puede confundirse y quien lo sugiere es un malvado debunker". Una leyenda interesada para fortalecer el mito de los ovnis, como muchas otras del mismo tipo.
"Desde luego a mi no me cabe la más mínima duda de que detrás del fenómeno OVNI hay más cera de la que arde"
Pues a mí me parece que a estas alturas ya puede concluirse que ni siquiera había cera ardiendo. Pero siempre habrá credulidad y conspiranoia.
Es posible que haya algo de cera detrás de una porción de la casuística ufológica. Esa porción estaría compuesta por testimonios que podrían encajar con la descripción de un fenómeno natural no explicado del todo por los físicos atmosféricos:
http://es.wikipedia.org/wiki/Rayo_globular ,
que es lo que en ámbito hispanohablante se ha llamado siempre centella.
Un proyecto español al respecto, con colaboración internacional:
http://fotocat.blogspot.com/2007_03_26_archive.html
Y el cuestionario para cumplimentar por parte de posibles testigos:
http://www.formassembly.com/forms/36347
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