A pesar de ser uno de los filósofos éticos y académicos más influyentes, Peter Singer ha sido calificado como "el hombre más peligroso del planeta" y considerado a menudo como un profeta de la muerte, un asesino de niños y un nazi. Son adjetivos que uno tiene que dar por descontados cuando se cuestiona la "santidad de la vida humana" como un principio moral cuya negación sistemáticamente es seguida por catastróficas pendientes resbaladizas hacia el totalitarismo. De hecho, casi es imposible leer una página sobre el aborto estos días en donde no aparezca en algún lugar la palabra "totalitarismo". Los "abortistas" recuperan en el imaginario religioso las terribles imágenes de las "hordas infernales de Gog y Magog" o de los libertinos sádicos que se alimentaban caprichosamente de fetos humanos.Pero la reflexión de Singer -no siempre seguida por quienes insisten en el lenguaje feminista de la "pro-elección"- continúa siendo relevante al cuestionar que la mera pertenencia a una especie biológica pueda servir como fundamento de un "derecho a la vida" inalienable. Es lo que se ha llamado "especismo" y que ha servido como fundamento de una ética animal que propone incluso ampliar los criterios morales "más allá de la humanidad". Naturalmente no es preciso suscribir las opiniones de Singer sobre ética animal, o sus recetas socialistas para resolver la pobreza mundial, para tomarse en serio otras partes de su ética naturalista.
El fundamento de la moral, según este planteamiento, no radica en la pertenencia a una especie biológica, sino en la reunión de características naturales relacionadas con la personalidad moral: ante todo lo que llamamos "consciencia", y que de hecho no aparece salvo en el transcurso de la división celular posterior a la fecundación, que da lugar progresivamente a la formación del sistema neuroendocrino, único asiento científico conocido de la conducta ética en los seres vivos. Por eso resulta tan problemático otorgar derechos propios de la personalidad física y moral a la vida microscópica, o incluso a las primeras semanas de vida del feto, por mucho que sí pertenezca a la especie biológica humana. Y por eso el criterio de que la vida humana empieza en la concepción, que es en sí científico, no avala la consideración ética del embrión como persona. En otras palabras, lo fundamental no es el "derecho de las mujeres a elegir", sino el estatuto moral que se esté dispuesto a conceder al embrión.
Como se ha apuntado otras veces, otra dificultad de la "cultura de la vida" es su hipócrita conexión con la misma tradición que justificaba la pena capital o la "guerra justa", negando justamente que la "santidad de la vida humana" -no ya la microscópica, sino incluso la adulta- constituyera un principio moral sin excepciones.
Coincidiendo con las movilizaciones católicas "por la vida", Jon Juaristi ya se había lamentado porque "la invención de las convenciones democráticas" desplazara el ámbito de lo sagrado, redondeando "la victoria del totalitarismo". Y Juaristi articula ahora estas mismas ideas en su última columna de ABC, citando entre otros a Pasolini:
El totalitarismo clásico repartía brutal y arbitrariamente patentes de humanidad, y sacrificaba los excedentes en aras de la sociedad perfecta. El nuevo progresa al compás de la pedantería progre, como temía Pasolini. Pero, de todo esto, habrá que seguir hablando.Con criterios semejantes que afirman la "santidad de la vida humana" como un principio sin excepciones, no sólo la pedante y "progresista" Europa, también los EE.UU, la mayor parte de los países occidentales donde por fortuna existen "convenciones democráticas" y leyes sobre el aborto muy similares a la española, incluyendo a Israel (unos 20.000 abortos anuales) estarían "redondeando" la victoria del totalitarismo y alejándonos a pasos agigantados de la civilización. Por el contrario, las naciones islámicas, la mayoría de las africanas y de lo que comúnmente conocemos por "tercer mundo", donde menos respeto se tiene por la vida humana no microscópica y donde más cerca se está de la barbarie, se dirigirían hacia la piedad y el verdadero progreso humano. La pendiente no resbala tanto como intuía Pasolini.
Relacionados: La ética en la era de Darwin, Por qué el "especismo" es relevante para la filosofía moral
19 comentarios:
Pues a mí ese afán por formular los principios éticos a modo de sistema racional autocoherent me parece gratuito.¿Por qué el sistema nervioso u endocrino confiere un particular status ético? O sea, una medusa o una pulga tienen *derecho* a ese status ético pero una esponga o un alcornoque no.
Creo que se trata más bien a llegar a acuerdos sociales y que entender el sentido biológico de las pulsiones morales es también saber aceptar sus limitaciones a efectos racionales y los cabos sueltos que siempre van a quedar a estos efectos.
Saludos,
J.N.
¿Por qué el sistema nervioso u endocrino confiere un particular status ético?
Si tienes un criterio mejor, cuéntamelo.
Lo que he escrito arriba hace improcedente esa pregunta, Eduardo.
Un saludo,
J.N.
Hola,
Llego desde el Otto Neurath y no me arrepiento. ¡Estupendo blog!
Yo pondría el estándar un poco más alto. Debería haber algo más de complejidad en el sistema nervioso. Sin contemplación le niego el derecho a los insectos, luego voy subiendo en derechos a medida que el bicho aumenta en complejidad neurológica. ¿Con qué criterio? Con ninguno claro ni mejor que otros.
Hemos discutido algo acerca de la gradualidad de la consciencia en mi blog, si os interesa.
Saludos
Lo que he escrito arriba hace improcedente esa pregunta
Pues no sé por qué te parece improcedente la pregunta. Además, lo que yo he intentado decir es que el fundamento más profundo de la moral habrá que arraigarlo en alguna cualidad natural (que en el caso de la ética humana tendrá que ver, indudablemente, con el sistema neuroendocrino de los seres humanos -aunque se discute sobre la "ética" de otras especies, pero ahora no quiero entrar en eso), consistente con la evolución biológica y la selección natural, no con ningún "sistema racional autocoherente".
Bienvenido, Jose Luis, y gracias.
Vamos a ver Eduardo:
En primer lugar la improcedencia a la que hacía referencia responde precisamente a que yo dejaba claro que no veía necesario establecer criterios *absolutos* conferidores de status morales, todos tienen un tufillo de arbitrariedad y de ser establecidos *ad hoc* demasiado evidente y para colmo no son necesarios a mi juicio. de modo que que me solicites un *criterio mejor* al tuyo está fuera de luga.
La moral parece residir en emociones dirigidas a cohesionar grupos y a improntar a los individuos de modo que su afiliación al grupo se intensifique a los efectos anteriores, esta dinámica mejoraría la eficiencia del individuos y también del grupo en términos evolutivos. Estas emociones parecen reforzarse mediante racionamientos morales, pero la moral inicialmente un fenómeno emotivo. Los contenidos morales se impregnan sin necesidad de razón y no requiere para su funcionamiento de un sostén axiomático, sólo de un sostén socio-cultural.
Intentar establecer criterios morales en base a parámetros biológicos me parece forzado y arbitrario, encuentro más apropiado establecer estos criterios en base a consensos sociales y culturales.
Todo esto son opiniones personales, claro está.
Entender el origen y función biológica del fenómeno moral es muy diferente a considerar necesario establecer criterios biológicos para otorgar *derechos* o status morales, lo que no quiere decir que algunos no se apliquen instintivamente.
Lo del sistema neuro-endocrino es biológicamente de un zoocentrismo escandaloso. No somos más perfectos biológicamente hablando que un mixomiceto, un cactus o una arquea. Somos simplemente distintos, su modelo no requiere esos elementos, ni indica que no perciban y se autoperciban, ni se comuniquen.
obviamente la proximidad biológica, el tamaño, la *peligrosidad* a efectos biológicos, influyen en nuestra percepción empática y emociones morales (de ahí quizás que un organismo tan sofisticado como un insecto no depierte mucha simpatía moral) pero no tenemos que confundir la causa con el efecto.
Espero que al menos me haya hecho entender algo, que es lo que pretendo.
Un saludo,
J.N.
Muy buen blog, hago un pequeño aporte:
Les comento un ejercicio, que creo puede aportar mucho en lo ejemplificante.
En una clase que estaba dando un día, había una libeluda dando vueltas por el salon, y unos niños (de 14 años) decían Matenla, matenla!!.. eso me hizo plantear un ejercicio con ellos con respecto a los animales.
El ejercicio consistía en pensar si es procedente matar a una lista de animales desde el más pequeño al grande. En los resultados el punto de inflexión es el pájaro, todos los animales más pequeños que estos se pueden matar (insectos, ratones...), los más grandes no (leones, vacas, perros...). Aclaro que la única razón para matarla, es incomodidad.
Aclaro que la única razón para matarla, es incomodidad
Hum, puede que sea lo contrario. Los insectos no sangran. Bueno, sueltan un liquidillo asqueroso, pero normalmente no mancha permanentemente. Los ratones sí, pero son unos bichos asquerosos, si quitas a Mickey Mouse, Pixie y Dixie (Jerry es un coñazo de animal). Además, si los aplastas correctamente, sólo hacen catacrac, y tampoco sangran.
En cambio, ¿cómo te cargas un chucho? ¿Estrangulándolo? Peligroso. Y a no ser que seas Hércules o Sansón, ni te cuento lo que cuesta retorcerle el cuello a un león.
Reconozco que llevas razón, pero en sentido inverso: es incómodo matar animales a partir de cierto tamaño. Sobre todo porque sangran. Preguntadle a Dexter Morgan.
Cuidado Freman, el impacto emocional de la sangre y el sufrimiento que tienden a provocar reticencia, bloqueo o rechazo (o atracción en otras personas y/o circunstancias) a dañar o matar pueden ser efecto de una bio-empatía y estar en alguna medida prestablecidas en nuestra configuración emocional.
Yo no creo que sea simplemente una cuestión de tamaño (aunque el tamaño importa que duda cabe) y facilidad (en general no se percibe igual matar a un colibrí o un conejito que a un bogavante, una rata de alcantarilla o una morena, organismos de volúmenes relativamente parecidos pero con un repertorio de sangres, hemolinfas, exoesqueletos, calientes o fríos, con pelo o escamas, que sin duda influyen en su percepción).
La emociones morales tienen un sustrato complejo en el que participan algunos componentes iniciales bastante generales, o es se deriva de los experimentos ( claro que la gente miente en los experimentos psicológicos) aunque como todo variables entre individuos que después se completan y modulan por la interacción sociocultural. Para una eficiente adaptación es necesario asumir ciertas dosis de moralidad e inmoralidad. O eso pienso yo.
Un saludo,
J.N.
Precisamente porque la vida no es santa es por lo que no todo debería estar permitido, entre otras cosas sancionar como "progre" la irresponsabilidad personal de no usar medios anticonceptivos disponibles, irresponsabilidad personal también como fracaso en la educación del pueblo en materia de educación sexual de la que son responsables los que hoy vienen a resolver el problema con más aborto(en su basura ideológica "más derechos, más progreso")
Tantos ropajes de ciencia y terceras culturas para plantear esta cuestión la mercancía averiada del maniqueísmo del progreso frente a las tinieblas conservadoras. Una pena.
De pena, "Guillotina"... creo que ni has leído el post. El nudo de mi argumentación no tiene nada que ver con el discurso de "más derechos":
En otras palabras, lo fundamental no es el "derecho de las mujeres a elegir", sino el estatuto moral que se esté dispuesto a conceder al embrión.
estar en alguna medida prestablecidas en nuestra configuración emocional
Probablemente, aunque habría que ver de qué manera exactamente. Recordando un post anterior de Eduardo, yo no dudo de la existencia de "algo" bastante parecido al inconsciente colectivo junguiano... como sedimento evolutivo. Pero para que el concepto fuese operativo habría también que precisar mucho.
En este caso, en el de la bioempatía, ¿qué ocurre con la matanza de cerdos (cuadrúpedos)? Menciono a los cerdos porque una vez tuve un cerdo doméstico (cuadrúpedo), aunque al final tuve que regalarlo, y porque casi nadie actualmente mata vacas para comer. Quiero decir, que el cableado asociado al comportamiento es bastante flexible.
... y juro por Porky y por Miss Piggy que los cerdos son animales muy inteligentes. Más que los canes, por lo general.
¿Un cerdo doméstico? Mira que eres snob, ¿cómo se llamaba?¿dormía en tu cama? (mis gatos sí, a mis pies).
Yo sería incapaz de matar directamente a un cerdo, o a una vaca, bueno no sé si incapaz pero no me sería fácil. Aunque todas las percepciones se atemperan con la costumbre, dudo que en general los matarifes u otras profesiones violentas accedan casualmente a esos trabajos, pienso que ya hay pulsiones previas que lo favorecen. Otra cosa es comerte una loncha de jamón, que no es percibida como una lámina de músculo de la extremidad de un mamífero, sino como simplemente comida: jamón. Recuerda la frase sobre la conveniencia adaptativa asumir dosis adecuadas de moralidad e inmoralidad.
Un saludo,
J.N.
Ah, y yo estoy totalmente de acuerdo en que lo *fundamental* en el asunto del aborto (no lo único importante, pero sí lo fundamental) es el estatuto moral que se esté dispuesto a conceder al embrión.Obviamente ése es el quiz de la cuestión y es una elección moral, el embrión no es necesariamente un valor absoluto.
y respecto a los derechos, *más derechos* en un sentido estadístico poblacional, es decir equivalencia de derechos para más gente si que puede ser considerado un elemento de progreso, sobre todo desde el punto de vista de los que carecen o están excluidos de esos derechos. O sea que conviene puntualizar.
Saludos,
J.N.
por supuesto que he leído el post, quizás usted no leyó atentamente mi mensaje: no me estaba refiriendo a usted sino a este infame gobierno progre-cretino. Si de algo le acuso a usted es de plantear estas cuestiones bajo un dualismo maniqueo de progresistas contra conservadores malignos.
De todos modos, lo de la "santidad" de la vida humana no debe ser un concepto bíblico. El libro de Job lo deja bien claro: si haces una apuesta con el Maligno, para ganarla puedes matar los doce hijos y diecisiete hijas de un hombre justo (más sus ovejas y camellos). Y además, si tienes los poderes necesarios, tampoco está mal regalarle unas cuantas pústulas y unas enormes hemorroides de propina.
Eso sí: puedes después recompensarlo con otro puñado equivalente de churumbeles. Es decir: puedes matar un hijo si luego fabricas otro.
A mi me interesa plantear estas cuestiones sobre todo desde una posición filosófica, naturalista, aunque de ella se desprendan ciertas consecuencias políticas. Por eso traigo a Singer y ni siquiera empleo el lenguaje feminista o "progresista" de los derechos.
Creo que debería escoger otro lugar más indicado para proyectar la película de "progresistas contra conservadores malignos". Pero yo ya no pierdo más tiempo respondiendo a esto.
Pues será entonces su posición filosófica, naturalista con sus consecuencias las que resultan cuestionables. En cualquier caso tomo nota de su educada y sutil invitación a largarme.
Las "consecuencias" jurídicas y políticas que se derivan de mi posición no tienen nada de particular, ni son nada radicales. A no ser que consideremos más cuestioanables las legislaciones de Israel, EE.UU. o España, que las de Arabia Saudí, Irán y Kenia.
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