Visión utópica
Tras las revoluciones liberales y democráticas del siglo XIX, la virtud republicana de la igualdad logra extenderse también a la casta militar. Si bien la conscripcción no es una invención de la época moderna y la identificación del pueblo con el ejército (éste era el significado original de "populus" según cuenta Mommsen) tampoco es reciente, con los estados modernos todos los ciudadanos son potencialmente militares: Aux armes, citoyens!
Resulta curioso contrastar los restultados que ha ofrecido la "paz democrática" con el proyecto platónico de una "paz aristocrática". Como es sabido, Platón recomienda un estado fuertemente autárquico, frente a los ideales comerciales e "imperialistas" de Pericles ("En nuestra ciudad entra por su importancia cualquier mercancía desde cualquier punto de la tierra..."); un "estado detenido", como lo llama Popper, planeado con el objetivo expreso de frenar el ciclo revolucionario (como demuestra la obsesión platónica por eliminar las novedades artísticas y su fijación por el arte egipcio) y donde las castas de la nación están aisladas incluso reproductivamente. Estas dos recetas, contra la igualdad y contra el comercio, bloquean sistemáticamente los requisitos precisos para una asimilación democrática de la milicia. En la república socrática ideal ni se crean las condiciones materiales para la prosperidad capitalista, ni las relaciones sociales propicias para aglutinar suficientemente los intereses de las distintas clases.
Visión trágica
Si es verdad que un equilibrio "no es sólo sostenible a punta de pistola" (Napoleón también sabía que un cura le ahorraba cien gendarmes), ¿por qué no pensar directamente en una democracia sin generales? Esta es la posibilidad dialéctica que detecta Iracundo en un comentario, insinuando cierto matiz "antimilitarista" en la pregunta titular de Citoyen: ¿Para qué necesitamos a los ejércitos y en especial a la defensa nacional?
Mi propia respuesta coincide a grandes rasgos con las conclusiones de El Neoconomicón:
Retomando el argumento de inicio, la lealtad de un ejército depende del grado de identificación con los civiles y del alineamiento de intereses con estos y entre los distintos grupos que componen las sociedad política. Y esta es precisamente la razón por la que no cabe invocar la actual lealtad democrática de los militares para justificar la viabilidad de un hipotético experimento anarquista con la defensa nacional: lo primero que haría ese experimento sería precisamente quebrar el alineamiento de intereses, y probablemente incluso el sentimiento de copertenencia, de los varios grupos sociales.Hay que reconocer que quien considere la democracia un episodio fenonemenológico situado inexorablemente en el "fín de la historia", y se tome en serio la idea de un "Homo Democraticus", también considerará seriamente la probabilidad de librarse de los generales. Pero ésta posición es poco sostenible desde un punto de vista tanto histórico como evolucionista. Como ya intenté argumentar, no hemos sido "diseñados" para ser demócratas. El sistema político democrático es una construcción oportunista de nuestro fenotipo cultural, sin duda muy importante, pero no es ningún diseño determinista. No hemos nacido para "ser demócratas" en el mismo sentido en que nuestro cerebro nace para desarrollar un lenguaje, o para reconocer patrones en los rostros.
La democracia política es, en cualquier caso, un equilibrio contingente que necesita ser defendido. En la práctica, y puesto que no nay ningún estado democrático homogeneo universal, y puesto que la sociedad anarcococapitalista es mera teoría recreativa (parecido al "orden vitoriano" por el que clamaban algunos clérigos franquistas de la posguerra), la democracia contingente supone que los estados democráticos deberán enfrentarse -a veces en el frente de combate convencional-, no sólo a los ejércitos de otros estados autárquicos, sino también a otras ideologías antidemocráticas del presente. Ésta, por cierto, es una de las molestas conclusiones a las que no desean llegar muchos de entre los que hoy "objetan" contra la Educación para la Ciudadanía, o sencillamente niegan cualquier competencia educativa al estado democrático de derecho.
Lo dejo aquí como "meme" abierto. Además de los citados, han participado en el debate hasta ahora (espero no olvidar a nadie): El altavoz magenta, El libro de la almohada, Albert Esplugas, Becario en Moncloa, El tribunal de Aeropaga, Observatori de ciberpolítica de Joselito, Reflexiones iracundas, Biopolítica, y Materias grises.










3 comentarios:
La conclusión de citoyen me parece la más sutil.
La relación entre el ejército y la sociedad civil, estado y ejército, o por qué no somos una dictadura militar, se puede intepretar desde la teoría de juegos.
Esta relación es un juego no-cooperativo, donde pueden darse estrategias "win-win" (todos ganamos por estar como estamos), o el llamado equiilibiro de Nash, donde ningun actor puede ganar por cambiar unilateralmente su estrategia.
Pero, la pregunta por qué no somos una dictadura, no desaparece del todo por simplemente apuntar que ambas actores pueden encontrar un acuerdo, o pacto.
Este pacto, o acuerdo, se puede romper.
Y aún más, cuando uno de los actores tiene capacidad de hacer que otros hagan por la fuerza.
La teoría de juegos clásica es demasiado rígida y estática.
Por ello se ha hecho un remiendo: la teoría de juegos evolucionista
La aplicación de la teoria de juegos con estrategias de interactuación entre poblaciones en coordenadas espacio-temporales distantes.
Y ahora la pregunta se torna: cuáles son las condiciones que permiten la organización de los actores (el ejercito y el resto de la sociedad civil) en su interacción de la forma que se optimize el equilibrio entre ambos.
La respuesta es: que todos tengan un potencial acceso a aquello que valoran.
Que permite el acceso para todas las partes de aquello que valoran: la institucionalizacion de la vida, o en otras palabras, una democracia.
Practicas y normas que permitan canales de comunicacion, sistemas de recompensa y castigo, incentivos, y otras disposiciones para el establecimiento de lazos de todo tipo, entre los iguales.
Pero el militar no se siente y no es "igual" al civil.
La sociedad civil tiene los derechos que garantizan la institucionalización del acceso a lo que más se valora (es por ello que hay multiples noticias de guardias civiles que reclaman sus derechos democraticos, asumiendo que no tienen acceso a aquello que valoran)
Las practicas y normas del ejercito y el resto de la sociedad civil difieren.
Qué quiere decir esto.
Que como el ejercito es instrinsecamente jerárquico con dispocisiones de mando arriba-abajo y vertical, y la sociedad civil, supuestamente es horizontal, nunca habra un pacto duradero, o "pax eterna" a menos que una de las partes adquiera la "institucionalización" por defecto de la otra, o viceversa.
Qué hacen las democracias modernas con el ejrrcito.
Supongo que dar muchos incentivos y privilegios no solo monetarios, sino de estatus, respeto, admiración... por ser militar, para que cada uno sepa dónde está su campo de acción.
No sé si me convencen estas explicaciones. Quiero decir que son modelos y, como tal, tienen utilidad, pero el trasfondo es más complejo. Un militar es eso, militar, pero también es padre, hijo, hermano, votante de un partido político, aficionado de un club de fútbol, vecino de un lugar, etc, etc. Modelos como los que se proponen dan una visión unidimensional de los actores. Y yo pienso en la Revolución de los Claveles o en los tanquistas rusos en el 91.
"Pero el militar no se siente y no es "igual" al civil. (...) Las practicas y normas del ejercito y el resto de la sociedad civil difieren."
Y el empleado de una gran empresa no tiene en esa empresa el mismo status que tiene -siempre hipotéticamente- en el seno de la sociedad. Pero eso no lo convierte en alguien ajeno a ella, a menos que su situación, o su percepción de la situación, se deteriore enormemente. Por supuesto que hay fricciones, las que se derivan del paso de sociedades estamentales o corporativas a otras "abiertas" -dicho convencionalmente. Pienso, por ejemplo, en los "alardes" femeninos en el País Vasco. No me parece que sea un problema irresoluble la pervivencia de escalas de mando y órdenes ajenos a la democracia o el igualitarismo en el seno de sociedades democráticas si se comprende la especificidad de ciertos casos, las reglas y los cauces están claros y no hay arbitrariedades.
J.
como tú apuntabas la cada vez más progresiva difuminación, o disolución del desajuste entre la vida y carrera de un militar, y la vida y actividad de un civil es precisamente lo que impide que haya una recurrente espiral de coup d’états. La sociedad abierta popperiana es lo que impide que seamos una dictadura militar.
Si nos retrotraemos a la vida cotidina de un militar del ejercito de hace un siglo, ni por asomo es la vida cotidina de un militar en el ejercito hoy, en cuanto al disfrute de ciertos derechos democráticos provinientes de la sociedad civil que han sido tomados prestado or una institución que por definición es jerarquica.
Y es precisamente por esto por lo que apuntas tú, por lo que no se rompe el pacto: "Un militar es eso, militar, pero también es padre, hijo, hermano, votante de un partido político, aficionado de un club de fútbol, vecino de un lugar, etc, etc"
Lo que digo yo, es que el punto optimo de equilibrio se ha alcanzado porque ambas partes van compartiendo normas y derechos comunes que no marcan diferencias entre las vidas de unos y de otros.
Se alcanza un peligro de dictadura militar cuando el estamento militar entra en conflicto de intereses con el estamento politico o la sociedd civil.
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