lunes 4 de agosto de 2008

Solzhenitsyn, un mito de la guerra fría

El fenómeno Solzhenitsyn tiene varias caras. Desde la distancia, es decir, desde el extranjero, parecía un gigante que se enfrentaba, sin la ayuda de nadie, a una máquina dictatorial. Con el tiempo, sin embargo, esta percepción se ha ido complicando.

(...) La lucha de Solzhenitsyn se inspiraba, de hecho, en una ideología profundamente antidemocrática, a cuyo servicio estaba, y que combinaba elementos de "nacional-estatismo" y rasgos arcaicos de la religión ortodoxa. El escritor no ocultaba su hostilidad hacia los males de Occidente, ni hacia el concepto mismo de democracia, y alimentaba una concepción autoritaria propia y profundamente arraigada que, aunque no la formuló al irrumpir en la escena pública, fue desarrollando conforme avanzaba su lucha, especialmente en un momento de su vida en que presintió, con la publicación de Archipiélago Gulag, que las altas instancias lo invitaban a "matar el dragón", y a hacerlo en solitario.

Un libro como este, lanzado a la cara del régimen soviético, puede ser entendido como un acto de venganza literario-política: la condena de un sistema que había traicionado sus propios ideales y los de la humanidad al convertirse en un invierno sobre la tierra para millones de personas, includios Solzhenitisyn. Aun así, en ningún momento insinuó que, en el momento de su aparición, el gulag tal y como había conocido ya no existía (...) Era mucho más sencillo atacar a la Unión Soviétiva por su historia estalinista y fingir que seguía vigente, algo que le iba como anillo al dedo a su imagen. Porque Solzhenitsyn se consideraba el garante de los elevados valores heredados del pasado remoto de Rusia, y recurría a ese pasado en su intento de proponer soluciones para la Rusia del siglo XX.

- Moshe Lewin, El siglo soviético

17 comentarios:

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Este autor supongo que estaría en sintonía, si lo que dice Lewin es correcto, con estos. Son ultras del zarismo retrospectivo lo mejor que César Vidal tuvo a bien ofrecer en un debate sobre la revolución soviética. Toda una señal de que no todo lo que está contra el totalitarismo de turno se convierte ipso facto en un luchador por la libertad.

Especialmente hilarante en el video en cuestión, justo casi al final, cuando uno de los ortodoxos amiguetes de César Vidal (moldavo él) le dice al otro ortodoxo (rumano) que moldavo y rumano son en realidad una misma lengua: "tan diferente la una de la otra como el catalán o el valenciano". Don César seguro que ya no le invita más.

J dijo...

No sé si recordáis el final de "Rambo III", cuando se congela la imagen y aparece un rótulo dedicándole la película "Al valiente pueblo afgano en su lucha por la libertad"...

Yo creo que Solzhenitsyn ha sido un hombre importante, pero no viviría ni medio minuto en un país como el que él soñaba.

Pasa algo similar con la baza tribal que se está jugando para pacificar determinadas zonas. Es un recurso, y a veces imprescindible, pero hay que emplearlo con suma prudencia.

eduardo dijo...

La comparación con Vidal y sus amigos es muy cabal. De hecho, hacen el mismo empleo de la mítica anticomunista (antiguamente, de la comedia afgana, hoy la birmana o tibetana) y el sentimentalismo conservador, pero no al servicio de una visión liberal, sino "zarista" y -en el fondo- profundamente antidemocrática.

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

El empleo de la baza tradicionalista para conseguir la pacificación de territorios es algo recurrente en la historia de la intervención occidental en zonas bárbaras. A los británicos no les resultó mal tal juego en la India pero claro, el problema es que EEUU tiene que hacer lo mismo con una luz y taquígrafos (véase prensa ansiosa) mucho mayor. Cosa que empuja, claro, a alianzas demasiado beneficiosas para el cacique local de turno: obrándose así una pacificación seguramente parcial, poco duradera y en suma aparente. Los romanos sabían solventar esos asuntos, en tiempos, bastante bien: acuerdos primero, represión/anexión sin piedad tras la ruptura de los mismos.

mdfcdr dijo...

Interesante éste artículo de la revista Reason. Termina con este párrafo:

Solzhenitsyn's anti-communism, it is increasingly clear, was never a defense of individual freedom. It was a defense of a different kind of collectivism: ethnic, religious, and traditionalist. This is far from the only time that such a mind-set -- anti-secular, anti-modern, anti-individualist -- has been linked to prejudice against those who don't fit into the collective.

De todas formas esto no tendría por qué empañar su habilidad como escritor. Personalmente no he leído todavía Archipiélago Gulag, pero se escribiese cuando se escribiese, y si en realidad es como la describen, la obra seguramente sirvió para abrir los ojos a una generación. ¿Alguno de vosotros la ha leído?

eduardo dijo...

Bastante equilibrado e interesante el artículo de Reason.

Por cierto, esto de "hacen el mismo empleo" me parece que no es una expresión muy afortunada...

Freman dijo...

El enemigo de mi enemigo no es necesariamente mi amigo. De todos modos, entre Solzhenitsyn y la mêlée de los Césares Moas y los Píos Vidales, hay todo un orden de magnitud de espesor.

snipfer dijo...

Más o menos estoy de acuerdo, Sozhenitsyn fue excepcional como testigo de la represión, pero no deberíamos pasar de ahí: un testigo que tuvo que vivir un tiempo difícil, pero que no alcanzó a ver la completitud de los motivos que llevaron a los bolsheviques a hacerse con el poder. Quizás porque implica, como bien habéis dicho, a su ideología paleoregimenista.

En lo que respecta al plano literario sí que no me meto.

snipfer dijo...

Uy, se me olvidaba: http://www.gmu.edu/departments/economics/bcaplan/museum/zarframe.htm

Javier Bazán dijo...

Yo leí los tomos I y II. Aún no leo el tercero.

"El Archipielago de Gulag", hay que verlos como los varios libros testimonios -como dice Martín Cerda, un ensayista chileno- que hubo en el siglo XX, en que más recrear o inventar mundo aparte, urgía dar cuenta de la realidad, porque ésta apremiaba.

Es cierto que Solzhenitisyn, cuando vino a Occidente se sintió decepcionado.Tenía poca estima de la democracia y el capitalismo.

Aquí vale el enemigo de mi enemigo es mi amigo, en contexto de la Guerra Fría.

Igual sirvió para abrir los ojos.

eduardo dijo...

Como veo que por ahíse están publicando cosas bastante increíbles, conviene aclarar algunos puntos, sin ningún ánimo de prolongar un "debate" que a mí modo de ver no tiene ninguna base racional:

1. Ni yo ni ningún comentarista de este blog ha discutido la calidad literaria de Solzenitsin.

2. Nadie ha sugerido tampoco que el Gulag no existiera, o que fuera moralmente disculpable de alguna manera.

3. Citando a un historiador de la URSS -Moshe Lewin- pretendía llamarse la atención sobre: a) la ideología esencialmente tradicionalista y antidemocrática de Solzenitsin, reconocida estos mismos días por medios tan de "derechas" como Reason b) que el sistema del Gulag como tal ya había concluído en el momento de la publicación del Archipiélago, algo que Solzenitsin no dió -precisamente- a entender.

Lo demás es propaganda y agitación que no merecen ni un segundo más de atención.

The happy butcher dijo...

Errr... Creo que el GULAG siguió existiendo tras la muerte de Stalin. Otra cosa es que con Kruschev (o como se escriba) la represión se suavizara y no metieran a tantos disidentes políticos allí. De hecho, acabó perdiendo la nacionalidad.

SuperSantiEgo dijo...

Yo hace bastantes años que me leí el Archipiélago Gulag y El primer círculo, y si a uno le gusta la prosa densa y la literatura rusa, estupendo. El primero tiene párrafos muy duros, y el segundo recuerda por momentos a 1984, pero en realista, como las raciones de mermelada y mantequilla que dan a los científicos que se portan bien.

Recuerdo vagamente que se comentaba que algunos autores muy rojos lo pusieron a caer de un burro cuando le dieron el Nobel, entre ellos Juan Benet. Se armó una polémica de las gordas.

eduardo dijo...

No sé, Happy, ya me estáis haciendo dudar. Igual todavía hay Gulag.

¿Y el Padre Loring qué opina de esto?

Isidoro dijo...

Eduardo: ¿y si lo que nosotros creemos real no es más que un Gulag mental? ¡Vivimos en el Gulag!

Oxitocina para estas gentes, por favor.

cruzcampo dijo...

Esta claro que no es lo mismo ser un decepcionado del comunismo que un anticomunista.
Pero lo que escribio Solzhenitsyn es despues de todo una lectura necesaria y de mucha calidad.

J dijo...

El decreto que pone fin al Gulag es de 1960. Por supuesto, persiste la represión, como los ya famosos "psikhushka". De todas formas, podemos llamar gulag a lo que no era gulag, según nos apetezca, y decir que los "psikhushka" no existieron, o lo que sea. Al fin y al cabo, ya dijo alguno que en la URSS había gulag y en occidente fábricas; y según AI, Guantánamo es lo mismo que el gulag.

Da lo mismo. Lo importante es poder tomarse unas cañas.

Publicar un comentario en la entrada

Los comentarios están moderados, pueden tardar en aparecer.