Un ámbito muy interesante para entenderlo es la justificación del sacramento eucarístico. Comparemos al doctor angélico con Ratzinger. La mayor autoridad eclesiástica medieval, Tomás de Aquino, afrontaba en su época una elegante exposición dialéctica sobre las dificultades y errores acerca de la conversión del pan en el cuerpo de Cristo en la Suma contra los gentiles (IV - LXI). Su perspectiva era eminentemente categórica, pues el aquinatense se esforzaba ante todo en presentar argumentos convincentes para afirmar la verdad de la transubstanciación, no sólo su utilidad. Es decir, su justificación tenía mucho más que ver con el "realismo factual" que con con el "realismo práctico", para emplear la artificiosa distinción de David Sloan Wilson. Tomás de Aquino no se conformaba con justificar condicionalmente el sacramento de la eucaristía, por su "eficacia simbólica", sino que desplegaba un argumentario basado en la ciencia física de la época, en particular en la doctrina de la substancia de Aristóteles. Cabría esperar que las justificaciones modernas de la eucaristía emplearan también argumentos categóricos, por ejemplo, intentando salvar las dificultades de la transubstanciación recurriendo a las ciencias físicas modernas (¿tendría que ver algo el gato de Shrödinger con la eucaristía?), pero no es así. Las encíclicas actuales pasan de puntillas sobre el tema de la presencia real (factual) y adoptan una perspectiva mucho más hipotética y condicional (práctica). Idéntica postura que hace poco sintetizaba el padre David Amado, desde un diario digital:
Si fuera falso (la eucaristía) estaríamos ante uno de los mayores enigmas de la historia, porque millones de personas se arrodillan ante Jesús sacramentado y muchos pasan horas ante él. Y aún habríamos de considerar los no escasos testimonios de personas que han entregado la vida para evitar su profanación.Según Amado, la verdad de una creencia viene a ser proporcional al número de creyentes (más un cociente de mártires). Pero partiendo de semejante premisa, deberíamos deducir que las creencias en la tierra plana, en espíritus del bosque, o en todo tipo de líderes mesiánicos anteriores (y posteriores) a Jesús conservan también algo de "verdaderas", puesto que no carecieron de muchos seguidores. La verdad es que no hay ninguna razón científica para desestimar el engaño y el autoengaño como procesos no adaptativos. Más bien todo lo contrario. El "enigma" podría ser prematuro, dado que la evolución biológica en absoluto favorece siempre la información honesta. Un estudio reciente, por ejemplo, desarrolla un algoritmo para sugerir un posible origen evolutivo de la religión basado en la producción de información irreal y la atracción que ejerce en los participantes sociales.
Al menos en las religiones más "avanzadas", hay una evidente retirada secular de lo sagrado. El avance de las ciencias empíricas convierte en cada vez más improbables las últimas explicaciones religiosas o mitológicas, y esto provoca un permanente desplazamiento de las justificaciones religiosas hacia posiciones de partida cada vez más condicionales y menos categóricas, más humanas y menos religiosas. Se podrá decir que las relaciones entre ciencia y religión son muy complejas, pero nunca que sean armónicas.
9 comentarios:
Fantástico post :)
La verdad es que nunca he terminado de entender por qué la iglesia sigue manteniendo determinadas explicaciones mitológicas de según qué cosas. Al fin y al cabo, es posible mantener ambas cosas reservando lo suyo a cada campo.
Discrepo contigo en la última frase; en mi cosmovisión hay un sitio reservado a (un) Dios, lo que pasa es que intuitivamente me niego a rellenarlo con nada (soy agnóstico) y pienso por tanto que la fe religiosa es perfectamente compatible con ser un materialista impenitente. Desde luego, la fe religiosa y la racionalidad son líneas que van en sentidos opuestos, pero al fin y al cabo son líneas paralelas así que no tiene por qué haber un conflicto.
PD: Si nos vemos en Madrid vas a tener que explicarme como terminaste estudiando en la "atea" facultad de deusto :P.
El aspecto social de la religión es objeto permanente de juicios positivos y negativos. Entre los primeros estarán los juicios justificativos. Con argumentos cambiantes en cada época según las necesidades y afanes de cada momento.
Qué tenga que ver esto con la explicación -que no justificación- del misterio de la transubstanciación ya no se me alcanza.
Qué conclusión hayamos de sacar de que en el medioevo cupiera una explicación acorde con el estado de la ¿ciencia? de su tiempo y ahora no, ya no se me alcanza.
A no ser que queramos sacar la conclusión de que si para "una parte" no hay "explicación" para "el todo" no hay "justificación". Creo que eso supone mezclar planos de pensamiento de manera no muy científica.
Pregunta un comentarista anónimo qué descubrimiento de la "ciencia empírica" invalida hoy la eucaristía.
Pero una pregunta tan audaz (sirve también para "Viejocon") no deberían hacérmela a mí invirtiendo la carga probatoria, pues yo no estoy interesado en justificar este sacramento. La pregunta deberían responderla los teólogos como Ratzinger o Amado que hoy no hacen ningún esfuerzo para armonizar o compatibilizar la transubstanciación con el estado de las ciencias físicas, en claro contraste con la actitud de Tomás de Aquino, entre otros.
Eduardo: la complejidad del bagaje cultural de nuestra época impide que un teólogo como Ratzinger -eminentísimo en su campo- tenga los suficientes conocimientos de ciencias naturales como para acometer la tarea que le propones. Tarea para la que sí se sintió capaz el sabio de Aquino.
El que determinada tarea encuentre sus estudiosos también depende de que la sociedad reclame una solución y allegue fondos. Y no parece que la transubstanciación se encuentre entre las prioridades de nuestros contemporáneos.
Desde esta óptica se agradece mucho más tu preocupación por el tema.
Por Tutatis que manera de enredar con la transustanciación. Que unas tortas de trigo estén rodeadas de retorica no las hace más misteriosas.
Aquí lo que pasa es que no hay fe.
Suscribo lo de fantástico post...
Pero citoyen; si de verdad consideras dos líneas paralelas, las cuales nunca convergen; resulta trivial que cada una de las líneas pueda mantener determinadas, ¿Y por qué no?, antagónicas explicaciones de cualesquiera de las cosas, ¿No?. Si de verdad resultan paralelas, como tú dices, ¿Qué conflicto cabe?. ¿Qué es lo que no se entiende?. Precísamente por resultar paralelas es por lo que la iglesia se permite mantener determinadas explicaciones... Entiendo yo.
Un saludo.
Interesante post, sin dudas.
Con respecto a la concordia o discordia entre ciencia y religión, hace poco G. Bueno me respondía lo siguiente en una entrevista que le realicé:
«A mi juicio no hay hoy en día un conflicto entre religión y la ciencia. Cuando lo hay, la Iglesia se repliega, porque ante cualquier descubrimiento científico, como pasó con el copernicanismo, y las razones son objetivas, la Iglesia se rinde y reinterpreta alegóricamente sus postulados»
Visto así, no sería tan merecedora de azotes la postura de Gould y su NOMA. Es que la religión estaría abocada a «dessolapar» su ámbito de los hallazgos de la ciencia bien mediante la reinterpretación alegórico-teológica de sus dogmas, bien llevando a lo no empírico tales afirmaciones.
Sin embargo, y a pesar de coincidir con Bueno, creo que justamente lo segundo no es aún posible y los dogmas de religiones como la católica, por hacer afirmaciones acerca del Mundo, y en especial de la física, deben elegir entre el conflicto o la trivialización de sus mágicas creencias.
la religion es una justificacion para los problemas de la sociedad y para explicar auqellas cosas que todavia no se ha encontrado una respuesta
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