5/6/2008

El retorno de la desgracia

Hebreos, egipcios, espartanos, atenienses, persas, romanos, españoles, venecianos, ingleses, otomanos, franceses, rusos, alemanes, japoneses, norteamericanos; las naciones más ambiciosas han perseguido siempre la gloria, han librado guerras, han arrasado civilizaciones, han luchado incansablemente por el reconocimiento universal y por imponer nuevas fronteras sagradas en el mapa político del mundo. La historia ha sido siempre un "espectáculo de la desgracia", como la llamó Hegel, donde las personalidades históricas enfrentaban destinos sistemáticamente trágicos y apartados de la felicidad y la paz. Los griegos lo llamaban thumos, refiriéndose a la pasión del héroe que puede manifestarse como miedo y emoción en defensa de lo propio, tal y como hemos podido visualizar, con nitidez aérea, en una imagen reciente.

Contra el aparente destino de éste deseo universal, a principios de los años noventa se propaga brúscamente la irresistible sensación de que "algo realmente fundamental había ocurrido en la historia del mundo". De acuerdo con el espíritu del Nuevo Orden Mundial conjeturado por George Bush I en 1991, tras el descalabro del imperio soviético, los ciudadanos buscarían ahora "la prosperidad y la comodidad, y abandonarían las pasiones atávicas, las luchas por el honor y la gloria, y los odios tribales que habían producido conflictos a lo largo de la historia". En particular, Francis Fukuyama anunciaba no el fín de la ideología, o la convergencia del capitalismo y del socialismo, sino la victoria del liberalismo político y económico:

Lo que estamos presenciando no es tan sólo el fin de la Guerra Fría, o el final de un periodo de la historia de la posguerra, sino el fin de la historia como tal, esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final del gobierno humano.

Liberales atlánticos o continentales coinciden en que el thumos ancestral puede y debe ser vencido, recuperando la tradición de Smith o Montesquieu: "Donde hay comercio hay moral y suaves maneras", pero ignorando peligrosamente la de Tucídides o Hamilton:

Muchos americanos no podrían creer que el comercio entre las naciones llevara necesariamente a la armonia y la paz global. Sabían que la competición por el comercio produjo guerras tan frecuentes como las que previno el "dulce comercio". En esto Hamilton y Jefferson estaban de acuerdo. Hamilton preguntó: "¿Hasta ahora ha hecho el comercio algo más que cambiar los objetivos de guerra?".[1]

Siguiendo una antigua tradición sobre el carácter apaciguador de las humanidades de acuerdo con Fukuyama, la democracia liberal no sólo constriñe las tendencias humanas violentas, sino que incluso "transformó fundamentalmente los mismos instintos".

Es la culminación del optimismo liberal, que engendra dos ideologías utópicas dificiles de situar a izquierda o derecha, porque se ajustan mejor a un alineamiento continental y geopolítico más preciso. Por una parte, el imperio europeo apuesta por el poder suave, el multilateralismo y el federalismo voluntario. Por otra, se anuncia la victoria de la globalización liberal, un Capitalismo Global que en su versión más realista descansa en la hegemonía benevolente de los EE.UU, y en su más disparatada, en la universalización incruenta de los contratos voluntarios y de la "ética de la libertad": el retorno de las utopías.

Pero ni el anuncio de un nuevo orden liberal ni el de un federalismo voluntario expresan verdaderas "leyes históricas". La urgencia de que la geopolítica se ajuste a un federalismo inventado por profesores, burócratas y "yonquis de Europa" obedece a una necesidad política tan egoísta como las demás: equivale a la necesidad de la nación revolucionaria francesa para imponer un nuevo orden europeo basado en los Derechos del Hombre, y en el código civil napoleónico, o al Destino manifiesto que los Estados Unidos proyectaban sobre el continente americano. Realpolitik no debe ser una palabra prohibida.

¿Cómo puede hablarse seriamente de federalismo o de supranacionalismo en un mundo donde las aspiraciones imperiales de Rusia, Irán o China están más que nunca en el primer plano de la escena internacional? ¿Cuándo y dónde han existido instituciones "supranacionales", emergentes, por encima del feroz equilibrio competitivo de los agentes estatales de la vieja geopolítica?

¿Y cómo puede hablarse seriamente de "capitalismo liberal" en un mundo donde los estados más avanzados controlan más de 1/3 de las rentas nacionales, donde no existe una relación probada entre liberalización económica y participación en el mercado mundial [2], y donde las economías más prósperas coinciden abrumadoramente también con los estados más fuertes? Ahí está la Rusia renacida [3], por ejemplo, con su extenso poder centralizado y sus corporaciones estatales provocando una guerra energética soterrada contra la Unión Europea. O la China que aún cree en el comunismo mixto ( "Dos sistemas, un solo país") y en la gran divisa "País próspero, gran ejército". O el republicanismo islámico liderado por Ahmadinejad y otros líderes mesiánicos de la nueva generación de guerras globales.

El Leviatán nunca se ha retirado al abismo, como documenta Robert Kagan en su espléndido ensayo [4]. En el tablero del mundo siguen jugando los viejos actores conocidos de la geopolítica, acaso ajustándose a la divisa de los estrategas chinos: "Un super-poder, muchos grandes poderes". En este marco, el poder político continúa siendo "la habilidad para hacer que otros hagan lo que uno quiere y para prevenirles de que hagan lo que uno no quiere". Del mismo modo que las religiones no convergen, pues cada confesión monoteísta está convencida de que Dios ha escrito un libro, pero dejando instrucciones históricas diferentes, tampoco hay una sóla globalización kantiana y libertaria en marcha, sino muchos proyectos contradictorios y competitivos.

Los liberales atlánticos y continentales no tienen respuestas en la era de la divergencia. Recordando al general corintio que alertaba a los espartanos de los peligros imperialistas de Atenas: vuestras actitudes resultan anticuadas frente a ellos.

NOTAS

[1] Kagan, R. Dangerous nation, Alfred A. Knopf, New York, 2006

[2] "Entre las 27 economías de la OECD en 2005, no existe correlación entre el grado de globalización -medida según la penetración de las importaciones- y el tamaño del gobierno. Algunas economías abiertas, como Bélgica y Suecia, poseen un gobierno fuerte. Algunas relativamente cerradas como los EE.UU, Japón y Australia- tienen gobiernos pequeños. Más aún, no existe correlación entre los cambios en la globalización de nuevo medida en la penetración de las importaciones, y el tamaño del estado." Chris Dillow, en The end of politics, Harriman House, 2007

[3] Entre 1998 y 2006 la economía rusa ha experimentado un incremento del 50%. La renta personal se ha incrementado el 65%, y la pobreza ha sido reducida a la mitad.

[4] Kagan, R. The return of history and the end of dreams, Alfred A. Knopf, New York, 2008