De acuerdo con los autores, la raíz del problema radica en la marginación de los estudios evolucionistas dentro de las humanidades y las ciencias históricas. Pese al hecho de que la idea de evolución se origina en las ciencias humanas, como explicó en su día Marvin Harris, a partir de Darwin el evolucionismo es desterrado, estigmatizado o caricaturizado como "determinismo genético", "darwinismo social" o "reduccionismo científico". El modelo de Heywood y Wilson, por contra, propone integrar el constructivismo social típico de las ciencias humanas, orientado a descubrir las singularidades culturales y su influencia en las teorías científicas, con el método de las ciencias físico-naturales, orientado a la búsqueda de universales naturales. Evocando una distinción de Ernst Mayr, el modelo sugiere combinar el estudio de causas próximas o mecanismos (religión, cultura, arte &c) y causas finales o evolutivas, definidas como aquellas "fuerzas ambientales que causan la evolución de un rasgo, con preferencia a otros rasgos, a menudo debido a su contribución a la supervivencia y la reproducción".
En el trabajo de Wilson, como en cualquier "paradigma" in statu nascendi, hay muchos problemas y dificultades sin resolver, pero la iniciativa de consolidar un modelo evolucionista unificado en la universidad parece en sí misma un paso importante. Casi tanto como el eco que está encontrando en los medios de comunicación -de "izquierdas", por cierto.
Su "misión": Avanzar en el estudio de la evolución en todas sus manifestaciones, incluyendo todos los aspectos de la humanidad, además de las ciencias biológicas.