Andan muy soliviantados algunos footsoldiers progresistas y liberales con ocasión de los disturbios (o "rebelión", según se mire) en Tibet. El sector místico-conservador, teoliberal, tiende a presentar los hechos como una lucha de comunistas totalitarios contra monjes indefensos, sucumbiendo de nuevo al mito del budismo pacífico. La "cacería contra el creyente", como afirma dramáticamente un pundit hispánico. Por su parte, el sector anarquista aprovecha para representar la contienda eterna de estatistas y libertarios. Una eclosión de opiniones y comentarios acelerados que priman el enfoque espectacular y moralista, pero prácticamente eclipsan cualquier análisis político de la cuestión, habitualmente despreciado como un caso de "jacobinismo"...
Es como si pudieramos fingir todos que, tras la rebelión tibetana, no se oculta realmente el conflicto de dos imperios, el chino y el estadounidense, que están obligados a desplegar sus fuerzas tanto en el terreno de la fuerza como en el de la propaganda y la "legitimidad". Así pues, este no es un episodio de la fenomenología de la libertad, sino -¡desencántense ya!- una lucha de propaganda y agitación liderada desde el polo de Pekín y el de Washington-Dhamarsala. El así llamado "gobierno tibetano en el exilio" juega la baza oportunista de la "democracia" y la sinofobia, presentándose ante la opinión internacional como los dignos representantes de una nueva y vistosa revolución azafrán contra el totalitarismo. Pero ¿es que el Imperio chino no podría alegar, en su defensa, los indudables efectos civilizadores de su presencia en Tibet? Al fín y al cabo, los chinos imperialistas han generado en la provincia china aquello que el sectarismo budista había negado durante siglos a los tibetanos: una apertura a la modernidad, la tecnología y el comercio; carreteras, ferrocariles, imprentas, lavadoras, computadores, un régimen de dominación religioso mucho menos severo. En una sola palabra: capitalismo.
Los Estados Unidos tienen, desde luego, el derecho natural a ejercer el maquiavelismo político sacrificando los principios laicistas y republicanistas. ¿Pero es que alguien puede creerse que estas algaradas televisadas son "espontáneas", la emanación libre del "alma del pueblo"? Una base militar en Tíbet es un objetivo estratégico lo suficientemente atractivo como para prestar auxilio a los teócratas. A lo que difícilmente pueden aspirar es a que este conflicto flagrante entre intereses y principios pase del todo desapercibido, y desde luego, a que los chinos se queden simplemente de brazos cruzados.
A lesson in atheist philosophy
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Hang on; Klinghoffer is bad, but you haven't read the clever reasonings of Nancy
Greenwood of Red Deer, Alberta yet. She doesn't like those atheists one b...
Hace 2 horas









6 comentarios:
Eduardo,
Dejando de lado la cuestión de los intereses estadounidenses, los "beneficios" reportados por la ocupación china del Tibet quizá lo serían en el verdadero sentido de la palabra si el consumo de tales bienes y servicios hubiera sido voluntario, si los tibetanos no hubieran pasado a ser ciudadanos de segunda frente a los colonos de étnia Han, si no hubieran costado una cifra incalculable (por secreta) de muertos en el último medio siglo y si no se hubiera producido una deliberada, sostenida y descomunal represión de la cultura tibetana por parte de las autoridades chinas.
(Y esto no contradice los comentarios de ambos. Sólo quería puntualizar.)
Yo no sé qué piensan los tibetanos realmente, y es difícil saberlo, porque las opiniones normalmente estarán filtradas por alguno de los dos bandos. Pero me cuesta trabajo, por ejemplo, creer que los tibetanos del siglo XXI estén en contra del ferrocarril, como hace poco lo estaba el Dalai Lama desde su orgulloso exilio.
La "cultura tibetana" incluía un gobierno tiránico donde una población de monjes dividida en castas y coronada por el panchen y el dalai lama oprimía al resto de la población. China suavizó la presencia de la religión, sin eliminarla. La "cultura tibetana" también incluía prohibiciones dietéticas absurdas y peligrosas, como la que pesaba sobre la carne, y dogmas retrógrados como el que impedía a una rueda (mandala) rodar por el suelo. China introdujo la rueda. En este sentido, es estupendo que la "cultura tibetana" sea reprimida.
Como en cualquier otro caso histórico donde un imperio más grande engulle o neutraliza a una cultura más pequeña, aquí también hay costes y beneficios. No niego la represión o los episodios oscuros, sólo rechazo asumir la sinofobia por defecto.
"una apertura a la modernidad, la tecnología y el comercio; carreteras, ferrocariles, imprentas, lavadoras, computadores, un régimen de dominación religioso mucho menos severo. En una sola palabra: capitalismo."
Ha habido lavadoras, imprentas, carreteras y ferrocariles en la URSS o en Corea de Norte o, precisamente, en China, en su epoca anterior al neoliberalismo de Deng Xiaoping. Usted pierde el norte con el capitalismo. Podria hacer una defensa mas sosegada y sutil de el mismo, pero parece que cae usted en faciles esloganes, casi publicitarios.
Hay otra cuestión: deberíamos haber aprendido ya a mirar con lupa qué organizaciones o facciones legitima la "comunidad internacional" asumiéndolas como legítimos representantes de un pueblo sin Estado. El caso de la OLP es ejemplar; o también tenemos el reciente de Kosovo, que hace buena la cruda equiparación an-cap del Estado con una "banda de ladrones".
Yo sì creo que el capitalismo a la china trae modernización al Tíbet, lo que resultaba horrendo era la mezcla de restos de teocracia medieval con postulados maoístas de la época anterior. Menudo brebaje. Felicidades por el blog.
'Ha habido lavadoras, imprentas, carreteras y ferrocariles en la URSS o en Corea de Norte o, precisamente, en China, en su epoca anterior al neoliberalismo de Deng Xiaoping.'
He vivido unos meses en China hace un par de años, y los obreros que vivían en barracas a poca distancia de mi casa se tenían que lavar con palanganas al aire libre (en Pekín, no en una perdida zona rural) y para la señora de la familia que me alquiló el apartamento, con lavadora sin desempaquetar, ésta era casi un objeto sagrado. Familia que ha prosperado, como decenas de millones de chinos, desde la época del ‘neoliberalismo’ de Deng Xiaoping. Algún día esos obreros también podrán tener una lavadora y cuartos de baño con ducha. Es lo que tiene el capitalismo que, incluso en pequeñas dosis, mejora la vida de las personas, hasta en dictaduras de izquierda.
Whig
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