jueves 13 de marzo de 2008

Misterios de la hostia

Estos días ha llegado a los medios de comunicación la negativa de la Iglesia española a suministrar hostias compatibles con la dieta de la enfermedad celiaca, caracterizada por la intolerancia a una proteína llamada gluten que se encuentra en algunos cereales comunes: trigo, cebada, centeno o avena. La Comisión Especial de Liturgia, dependiente de la Conferencia Episcopal, se ha visto obligada a emitir una nota pública sobre la "comunión de los celiacos" en la que reconoce la obligación de la Iglesia a facilitar la comunión eucarística a los celiacos, si bien bajo la sola especie del vino. Esta aclaración dogmática ha escandalizado a algunos padres que han han protestado por la "discriminación" de la Iglesia en este asunto, capaz incluso de provocarles una "crisis de fe".

La mayoría del catolicismo sociológico también se ha puesto de lado de los padres, destacando la "intransigencia" de la Iglesia. ¿Qué importancia tiene que se comulgue con pan o con otro alimento?. ¿No se trata, al fín y al cabo, de una conmemoración o símbolo social? Pues no.
Cuando el Señor profirió estas palabras, algunos de sus discípulos se turbaron y dijeron: "Es dura esta palabra, ¿quién podrá resistirla?" Pues dicen que en este sacramento no está realmente el cuerpo de Cristo, sino sólo de una manera simbólica; de manera que lo que Cristo dijo al mostrar el pan: "Esto es mi cuerpo", se entendiese como si dijese: Esto es el símbolo o el signo de mi cuerpo; de modo semejante al símbolo que usa el Apóstol cuando dice: "Y la piedra era Cristo".

Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles
(Sobre el error de los infieles acerca del Sacramento de la Eucaristía)

Así pues, la presencia de Jesucristo en el pan y vino consagrados no es simbólica, como sostienen los católicos sociológicos que naturalizan el sacramento, sino real. En la eucaristía no se trata de eficacia simbólica, sino de presencia real. Esto aparte, si la conversión del pan y el vino en el cuerpo de Cristo es un suceso real, aunque de caracter sobrenatural, milagroso, ¿qué deberían temer exactamente los celiacos? Si el pan y el vino se conservan únicamente como "accidentes" en la transubstanciación, ¿no deberían desaparecer también los efectos deletéreos del gluten?

En definitiva, los misterios de la hostia muestran que vivimos realmente en una paradoja de la ilustración: sabemos razonablemente que los fundamentos de los valores sagrados (de la democracia al cristianismo, pasando por el libre albedrío) no son reales, pero la mayor parte no puede evitar sentir que, mientras no los cuestionemos demasiado, son reales en algún sentido práctico. Planteando el mismo problema, escribe Gregorio Luri:
La posibilidad de que la vida humana esté completamente desprovista de significado puede ser mucho más deprimente y degradante que la 'foeda religio'.
Y puede que tenga razón. Pero no deberíamos fingir que no hay un costo oculto en todo esto: la deshonestidad.

23 comentarios:

J dijo...

Bueno, en esto creo que no estaría de más -me refiero no tanto a la eucaristía, que personalmente me da igual, cuanto a "ficciones" democráticas, nacionales, etc- distinguir no sólo entre verdades y falsedades, sino ficciones, que no son lo primero pero tampoco propiamente lo segundo. La distion creo que la propone Pardo en "La regla del juego".

judas dijo...

Un análisis muy interesante y certero: somos lo suficientemente «listos» como para saber que el pan no deja de ser pan, pero lo suficientemente «mansos» como para seguir comiéndolo en ritual. Maravillosa escenificación de nuestra sociedad en transición.

p.d. Me alegro mucho de ver un lazo azul en la cabecera.

Paco Beltran dijo...

Disculpadme, pero me voy a poner mucho más "llano" que vosotros. Si por episodios más lamentables no apostata ni Dios, no creo que se pierdan muchos fieles por esto. Sin embargo, en lo relativo a la iglesia yo soy como los viejos marxistas: "cuanto peor, mejor". Me alegro con cada muestra de intransigencia, con cada desaire, con cada ejemplo de anacronismo y con cada delito que comete esta institución reaccionaria. Ojalá se quede algún día sin clientes y se vea obligada a echar el cierre a su pútrido negocio.

Nacho dijo...

Judas, mucha gente no tiene más cojones que creer, su cerebro así se lo dicta. La razón no tiene tanto poder, de hecho, tiene mucho menos poder. Igualmente uno puede creer una cosa y actuar en contra de su creencia, pero precisamente porque ambas cosas no atienden a razones: joder, por eso sabiamente existe la confesión y el perdón en el cristianismo y otras religiones jeje, sino no hubiésen sobrevivido mucho tiempo.

P.D: esto no quiere decir que exista gente que pueda dejar de creer, pero porque seguramente ya existía esa predisposición y sólo se es religioso por cuestiones culturales, y esas siempre se pueden cambiar.

Gregorio Luri dijo...

Has tocado la cuestión esencial: La probidad intelectual. O, como tu dices, la honestidad, gran valor bíblico.
Creo que estaremos de acuerdo en que el filósofo que se engaña a sí mismo, es un memo. Pero yo añadiría que el que cree que tiene la verdad del sistema, es dos memos.
El filósofo sería deshonesto si tuviera alguna verdad absolutamente cierta (no poética) que proclamar sobre el Todo y se la callara. Pero si miramos hacia atrás y vemos la experiencia del siglo XX, lo que podemos observar es una legión de filósofos honestísimos, por ejemplo en el Politburó del PCUS, o entre las filas melancólicas del existencialismo. El filósofo que tiene la verdad suele tender a convertirse en profeta armado.
Es desde esta perspectiva como -me parece a mi- que el filósofo debe mantener una cierta sospecha incluso sobre sus convicciones. Si es honesto consigo mismo tiene derecho a pensar que aquello que le parecen primeros principios sólo son el lugar al que lo ha conducido su inteligencia.
Paradójicamente, la honestidad intelectual del filósofo quizás sea indistinguible del escepticismo (o de cirerto escepticismo)
Respecto a la "foeda religio", el referente es Lucrecio, filósofo a la vez prudente y honesto al que, por cierto, deberías incluir en tu lista.
Yo tengo a Descartes por un filósofo honestísimo... especialmente en su defensa de la moral provisional.
El gran pecado del filósofo (no del intelectual, que inevitablemente e sun voceras) es la fe.

eduardo dijo...

Con el existencialismo ahora no me meto, pero no sé por qué consideras "honestísimos" a los "filósofos" del potlitburó.

Si hay un ejemplo de deshonestidad intelectual en el siglo XX, ese es el diamat, que rechazaba explícitamente, sin cortarse, la ciencia que no le convenía (como el principio de entropía, o la teoría de la evolución ortodoxa), o el materialismo histórico, que mantuvo sus posiciones pese a todas las fallidas predicciones sobre el fín del capitalismo.

Estoy de acuerdo en que el dogmatismo es indeseable, pero creo que la mejor manera de evitar el sistematismo filosófico prematuro es que los "filósofos" jueguen con el mismo conjunto básico de reglas que los "científicos". Aún así, equivocarse es inevitable, porque sabemos que -en general- son las emociones las que guian a las razones y no al revés.

Lucrecio ya está en la lista.

Gregorio Luri dijo...

¿Crees que Trotsky era deshonesto al apoyar a Lenin o que lo era Heidegger en su famoso discurso del rectorado? ¿Era más honesto el Carl Schmitt del 31 que el del 33 o el del 45? ¿Era Popper deshonesto cuando era comunista? ¿Cuándo le ha faltado a un dictador un filósofo honesto susurrándole al oído?

Si las emociones guían a las razones -y estoy básicamente de acuerdo-, entonces el filósofo está mas cerca del poeta que del científico.

eduardo dijo...

¿Crees que Trotsky era deshonesto al apoyar a Lenin o que lo era Heidegger en su famoso discurso del rectorado?

Sí.

El bunker de Trotsky, por cierto, ahora es una casa museo bastante visitada.

Si las emociones guían a las razones -y estoy básicamente de acuerdo-, entonces el filósofo está mas cerca del poeta que del científico.

No lo creo; en todo caso estará más cerca de los seres humanos, en general. Los poetas no tienen el monopolio de la emoción.

juan4 dijo...

Hay una "filosofía de la ciencia".
¿Puede haber una "ciencia de la filosofía"?
¿Sería filosofía?
¿Pueden filósofos y científicos jugar «con el mismo conjunto básico de reglas»? ¿No lo hacen?

En todo caso, si no les importa, me gustaría que Eduardo explicara qué entiende por "conjunto básico de reglas", y Gregorio Luri qué entiende por "pecado" cuando dice que el pecado de los filósofos es la fe.

Salud

eduardo dijo...

me gustaría que Eduardo explicara qué entiende por "conjunto básico de reglas"

Intenté explicar eso aquí.

Ángel dijo...

La cuestión de fondo que atisbo yo, asumiendo la distinción de j, es que existen "ficciones fundantes". De esto don Gregorio Luri sabe un rato más que muchos: la ficción fundante de Sócrates ensombrece a Sócrates como tal. Y lo declara fenómeno, apariencia.

Nacho dijo...

Lo que yo veo es dos choques entre la visión romántica y la visión realista (por llamarla de algún modo) de la filosofía. Si se entiende la filosofía como proyecto de avance en hacia la verdad y el conocimiento, el romanticismo siempre ha sido exactamente lo contrario a la verdad.

Las emociones siempre están presenten a la hora de tomar elecciones pero unas veces más que otras, y asumir esas reglas ayuda a enfriarlas hasta el punto de que se puedan desechar por otros.

Juan4 la única ciencia de la filosofía no sería "más" que un examen psicológico de los filósofos, no hay más posibilidad, y los análisis retrospectivos e históricos son históricos por su poca veracidad; sin embargo pueden arrojar bastante luz sobre las neuras de cada filósofo (aka emociones).

Gregorio Luri dijo...

Gregorio Luri qué entiende por "pecado" cuando dice que el pecado de los filósofos es la fe.

"La fe es creer en lo que no vemos", decía el catecismo. Por ejemplo, en la existencia de axiomas autoevidentes y fundantes de un sistema filosófico.

Para mí la cuestión decisiva es si la política, como tal, es un sistema de evidencias racionales o si, por el contrario, la opinión es el ecosistema de la política. Si es esto último, entonces la ciudad es la caverna. El filósofo puede saberlo, pero eso no significa, en modo alguno, que crea en la existencia de un más allá de la caverna iluminado por la luz de la razón. Esta creencia es también una cuestión de fe. Como lo es la sentencia evangélica de que "la verdad os hará libres". En todo caso, la libertad nos hará verdaderos, que no es lo mismo. Si la ciudad es la caverna, es la ciudad, no el filósofo, quien necesita fe.
Evidentemente, la falta de fe -aunque no espero que Ángel entienda esto- sitúa al filósofo en las antípodas del profeta.

Eduardo: Yo también creo que Trotsky o Heidegger eran deshonestos. El problema es que ellos (que con toda seguridad eran mucho más inteligentes que yo) tenían una fe absoluta en su honestidad.

Major Reisman dijo...

Buenas

A ver, esto en mi opinión es una chorrada en la que la iglesia ha metido la pata hasta el corvejón.

¿Alguien sabe cual era la composición del pan en la Tierra Santa del año 35 AD? Porque dudo muchísimo de que fuera exactamente la misma de la del pan actual.

Además, la propia iglesia se ha saltado los preceptos simbólicos cuando le ha dado la gana. San Gambrino y San Arnoldo son los patrones de la cerveza porque impartían la misa con dicha bebida al no disponer de vino.

Por cierto, San Gambrino es precisamente ese señor orondo y alegre que anuncia la cerveza Cruzcampo.

Un saludo

PD: Eduardo, he premiado a tu blog como "Blogger del día". Pasaté por mi blog para ver los detalles.

Un saludo

claudio dijo...

I take a third case; the strangest of all, because it involves the one real objection to the faith. The one real objection to the Christian religion is simply that it is one religion. The world is a big place, full of very different kinds of people. Christianity (it may reasonably be said) is one thing confined to one kind of people; it began in Palestine, it has practically stopped with Europe. I was duly impressed with this argument in my youth, and I was much drawn towards the doctrine often preached in Ethical Societies–I mean the doctrine that there is one great unconscious church of all humanity founded on the omnipresence of the human conscience. Creeds, it was said, divided men; but at least morals united them. The soul might seek the strangest and most remote lands and ages and still find essential ethical common sense. It might find Confucius under Eastern trees, and he would be writing “Thou shalt not steal.” It might decipher the darkest hieroglyphic on the most primeval desert, and the meaning when deciphered would be “Little boys should tell the truth.” I believed this doctrine of the brotherhood of all men in the possession of a moral sense, and I believe it still– with other things. And I was thoroughly annoyed with Christianity for suggesting (as I supposed) that whole ages and empires of men had utterly escaped this light of justice and reason. But then I found an astonishing thing. I found that the very people who said that mankind was one church from Plato to Emerson were the very people who said that morality had changed altogether, and that what was right in one age was wrong in another. If I asked, say, for an altar, I was told that we needed none, for men our brothers gave us clear oracles and one creed in their universal customs and ideals. But if I mildly pointed out that one of men’s universal customs was to have an altar, then my agnostic teachers turned clean round and told me that men had always been in darkness and the superstitions of savages. I found it was their daily taunt against Christianity that it was the light of one people and had left all others to die in the dark. But I also found that it was their special boast for themselves that science and progress were the discovery of one people, and that all other peoples had died in the dark. Their chief insult to Christianity was actually their chief compliment to themselves, and there seemed to be a strange unfairness about all their relative insistence on the two things.

G.K. Chesterton
Orthodoxy (1908).

eduardo dijo...

A ver, esto en mi opinión es una chorrada en la que la iglesia ha metido la pata hasta el corvejón.

Es posible, aunque a mí lo que me interesa no es tanto esto, cuanto que la interpretación común de la eucaristía como una "conmemoración" o un símbolo más que como un milagro. Es decir, que la gente cree que cree, pero no cree realmente.

Gracias por el premio, aunque voy a tener problemas para encontrar siete nominados que no haya nominado antes.

El problema es que ellos (que con toda seguridad eran mucho más inteligentes que yo) tenían una fe absoluta en su honestidad

Bueno, esto no deja de ser tu "theory of other minds" sobre Heidegger y Trotsky, que desde luego son muy interesantes para entender algunos de los mejores desastres del siglo XX, pero poco interesantes como estímulos de la ciencia. Aquí me refugio en Lakatos: ¿Qué programa de investigación ha estimulado el marxismo, o el heideggerismo, aparte de la escolástica de los profesores? ¿Y no tendrá toda esta situación algo que ver con la deshonestidad?

Gregorio Luri dijo...

Eduardo, me rindo y me despido. Me resulta del todo incomprensible tu insistencia en confundir la coherencia lógica de una teoría con el hecho objetivo de su influencia social. Cuando yo te hablo de sociología tu me respondes con epistemología. Quizás algún día la incidencia social de una teoría dependa de la etiqueta que le puedan poner los lakatos, algo así como: "Apto para su consumo. Fecha de caducidad ....". Mientras tanto te he de reconocer que yo -y no pretendo generalizar- me muevo en un mundo en el que las metáforas tienen más poder movilizador que los algoritmos. Tengo esto por un hecho y como tal intento comprenderlo. El desprecio por el peso efectivo de las opiniones y las malas teorías no me parece que sea una postura muy científica. Admitamos que estoy completamente equivocado y tu estás en lo cierto. El problema es que no me convences. Y mientras las inteligencias menores tengamos derecho a la palabra, nos movemos todos en la algarabía del mundo real.

eduardo dijo...

Amén.

rojobilbao dijo...

Si el pan y el vino se conservan únicamente como "accidentes" en la transubstanciación, ¿no deberían desaparecer también los efectos deletéreos del gluten?

No,desde la misma forma que si comulgas 300.000 veces no dejas de empacharte.

Los católicos que son celíacos podrán siempre que lo hagan saber, comulgar bajo la especie del vino, más problma lo tendrá si es ortodoxo, que si no recuerdo mal comulgan bajo ambas especies.

judas dijo...

«Si el pan y el vino se conservan únicamente como "accidentes" en la transubstanciación, ¿no deberían desaparecer también los efectos deletéreos del gluten?

No,desde la misma forma que si comulgas 300.000 veces no dejas de empacharte. »

rojobilbao, eso no es lo que dice la Iglesia. Por tanto, es usted un mal católico. Debe ser la repera verlo ir a confesarse por no creer en la transubstanciación justo después de comulgar.

eduardo dijo...

No,desde la misma forma que si comulgas 300.000 veces no dejas de empacharte.

No tengo problema alguno en aceptar eso, pero es que yo no soy creyente.

Ahora bien, para el que cree en el milagro eucarístico ¿No es un poco asombroso aceptar que el cuerpo de Dios sea capaz de provocar ardor de estómago?

rojobilbao dijo...

No es tan complicado.De la misma manera que Jesucristoe s ala vez D-os y hombre, el pan consagrado es a la vez pan y cuerpo de Cristo. Sin perder las propiedades del pan adquiere las del "cuerpo" (no un cuerpo físico, carnoso)de Cristo.

eduardo dijo...

Ya. Permanecen los "accidentes" del pan, pero en realidad la susbtancia es el cuerpo de Cristo. ¿Por qué? Por "potencia divina", dice Tomás de Aquino. Y santas pascuas.

Muy bien, pero no esperará realmente que elevemos estas artimañas a la categoría de "argumentos". La doctrina de la transubstanciación no es más que deshonestidad formalizada.

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