La ley de la gravedad es una bitácora editada por Citoyen, un joven autor que se ha declarado "neoprogresista" y entusiasta federalista: un "yonqui de Europa". En su última entrada aborda las bases políticas del nacionalismo, arribando a algunas optimistas conclusiones: "el nacionalismo no es algo inevitable fruto de una deficiente construcción nacional históricamente hablando, sino el resultado de la satisfacción o falta de satisfacción de su entidad autónoma o del Estado central".
Citoyen cita como referencia un trabajo de Ignacio Sánchez Cuenca sobre "las bases políticas para el apoyo de la integración europea". En él se propone un modelo que separa instituciones "nacionales" y "supranacionales", y considera que el apoyo a la transferencia de soberanía aumenta con relación al grado de integración estatal dentro del llamado "estado del bienestar". La "hipótesis institucional" serviría para entender por qué algunos ciudadanos europeos que perciben la ineficacia de sus propios estados estarían mejor predispuestos para la "integración europea". Dejando de lado que esta hipótesis no parece muy consistente con el euroescepticismo más destacado, el británico, lo que no se termina de ver es en qué medida afectaría esto al problema de los nacionalismos periféricos en Europa y los conflictos nacionales con base religiosa del resto del mundo. ¿El problema del nacionalismo, o el de la integración estatal de las repúblicas islamistas, podría replantearse en términos de preferencias racionales y agentes maximizadores? Es decir, ¿el problema de la identidad se reduce al de la gestión de la prosperidad?
El cuestionamiento del modelo "racionalista" no sólo procede de los modelos basados en la identidad (multiculturalismo de Kymlicka, políticas del reconocimiento de Taylor, etcétera) sino también de una nueva economía cognitiva que busca la consiliencia con la nueva neuroeconomía y la neuroantropología. Desde Smith y Kahneman es aún más urgente replantear los problemas económicos clásicos en términos de un nuevo paradigma de "racionalidad limitada" que tenga en cuenta la psicología de la naturaleza humana. Parafraseando hiperbólicamente a Wilson: "Ha llegado el momento de retirar temporalmente la economía de manos de los economistas y psicologizarla."
Scott Atran publicaba el año pasado un trabajo, Devoted actor versus rational actor, criticando el modelo clásico. El problema es que los conflictos de la identidad, que puede tener fuentes "culturales", "étnicas" o "religiosas" son habitualmente indómitos cuando se los trata desde prejuicios neoclásicos: "Cuando los temas en disputa se transforman en valores sagrados, como cuando la tierra deja de ser un mero recurso y se convierte en sagrada o cuando las estructuras inmobiliarias se transforman en "lugares sagrados", la política standard y las propuestas económicas para resolver conflictos no son suficientes y pueden ser contraproducentes, elevando los niveles de escándalo y disgusto". De acuerdo con el modelo del Actor Racional, los palestinos "deberían" retornar a un estado libre autónomo situado en la franja oriental y en Gaza, renunciando a sus "ancestrales" aspiraciones sobre Jerusalén - especialmente teniendo en cuenta que cada familia palestina recibiría unos 1000 $ anuales de parte de las adminstraciones americanas y europeas. Sin embargo, estas predicciones no se han cumplido. Tampoco es previsible que los más montaraces independentistas vascos abandonen su aspiración territorial sobre Navarra, aún cuando la renuncia a la lucha armada pudiera dispensarles una vida económica más provechosa de la que les reporta una vida clandestina.
Quizás se trate de un problema característico de cierta óptica progresista, predispuesta a enfocar los problemas en términos de racionalidad modelizada y previsible, y a menospreciar la economía de lo sagrado. Para una visión más escéptica, en cambio, los conflictos en torno a la identidad son más o menos inevitables y más o menos fatales, pero no cabe confiar en que los seres humanos, abrigados por un nuevo federalismo benevolente, prefieran definitivamente la prosperidad a la identidad.
The paleomagnetic long count
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A little off-topic, but interesting: Chris Rowan writes about paleomagnetic
reversals and crustal movements some billion years ago.
The change in inclina...
Hace 21 minutos









2 comentarios:
Demonios, cuando uno hace un post tan magnífico respondiendo a otra persona se avisa a esa persona.
Veamos un par de apuntes:
1: Mi hipotésis no es la del Estado del bienestar, sino la creencia de que un Estado nos administra mejor que otros. Como digo, eso no depende solo es lo buenos que son los políticos, sino también de las capacidades. Lo del reino unido es perfectamente explicable: entraron en la UE para no quedarse aislado, pero estaba mucho mejor sin UE ni tarifa externa común. Es eso de la "trade diversion".
2. La contrahipotesis que planteas es lo que yo incluyo dentro de la información imperfecta. Admito que sé poco de behavioural economics (el capitulo del varian) pero para mí las "creencias" son un proxy procesar información e identificar lo que nos es conveniente. Por otro lado, lo de los palestinos depende de la función de utilidad: realmente esa gente está tan atada a su tierra? Yo soy escéptico respecto a eso y creo que se les puede comprar, no digo que sea barato, pero se les puede comprar.
Un saludo
Por cierto, los montaraces vascos como dices, son independentistas porque creen que es mejor ser independientes que estar en España. Las preferencias son más amplias que lo "económico", hablar tu lengua, votar en un ambiente más reducido. Lo que existe es una percepción inadecuada (demonios lo digo en el post: hay un problema de información)
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