jueves 13 de diciembre de 2007

El complejo minarquista

El inventor del término "minarquismo" fué como es sabido un anarquista, Samuel Edward Konkin, autor de The New Libertarian Manifesto y partidario de una forma revolucionaria de anarco-capitalismo conocida como "agorismo". La idea del "estado mínimo", en consecuencia, aparece lastrada desde sus orígenes por el peso de una concepción utópica de lo político. Y ello reconociendo que autores asociados comúnmente con el minarquismo no han dejado de ofrecer definiciones políticas plausibles, como esta de Robert Nozick:
Nuestras conclusiones generales acerca del Estado son que un Estado mínimo, limitado a las funciones de protección contra la violencia, el robo, el fraude, la violación de contratos y otros parecidos, es justificable; cualquier otro Estado mas grande violaría el derecho de las personas a no ser forzadas a hacer ciertas cosas y es injustificable; y que el Estado mínimo es inspirador así como correcto. Dos implicaciones dignas de notarse son que el Estado no debe usar su aparato coercitivo con el propósito de lograr que algunos ciudadanos ayuden a otros, o para prohibirle a las personas actividades en su propio beneficio o protección.
Merece la pena recordar que Aristóteles, el fundador de la filosofía política, no tuvo la ocurrencia de pensar lo máximo o lo mínimo político como parámetros para clasificar los tipos de gobierno. A Aristóteles le interesaba poner en crisis lo que Gustavo Bueno ha llamado "los dos sofismas de Pericles"; esto es, 1) la idea de que la mayoría del cuerpo electoral representa al todo y 2) que esta representación tiene por añadidura una orientación justa y beneficiosa en sí. Para Aristóteles y Platón, en cambio "los pocos", sí podían llevar adelante un buen gobierno.

Esta teoría política "clásica" -por contraposición a la moderna, basada en la matriz anarquista de cantidades "mínimas" y "máximas"-, empezaba dando por supuesto que el estado debe perseverar para evitar la anarquía, debe tener eutaxia (buen orden), y ofrecía como parámetros el sujeto de la soberanía cruzado con criterios lógicos cuantificacioneles.
  • Cuando el sujeto soberano lo constituye uno solo, se habla de Monarquía, capaz de degenerar en una tiranía.
  • Cuando el sujeto soberano lo constituyen unos pocos (paurárquicamente), se habla de Aristocracia, capaz de degenerar en oligarquías.
  • Cuando el sujeto soberano lo constituyen muchos (poliárquicamente), hablaremos de República o Democracia, degenerada como demagogia, populismo, oclocracia, etcétera.
Debido a su carga teórica anarquista, el minarquismo suele desplazarse fácilmente hacia una crítica de tipo moral y sentimental del estado, concebido como el animal monstruoso de la libertad. Al situar el "óptimo" no tanto en el gobierno de la mayoría (república) sino en el mínimo gubernamental posible para mantener el orden (estado mínimo), cualquier desvío del modelo original se interpreta frecuentemente como una agresión a la libertad política original, identificada con la libertad individual. Y lo cierto es que este elemento pasaba con frecuencia más desapercibido en la teoría clásica, quizás a causa de su tendencia al organicismo, según el cual, el todo político es superior a sus partes, los ciudadanos.

Con todo, si no queremos extraviarnos por el liberalismo utópico, sigue siendo muy interesante la distinción de Francis Fukuyama entre el "alcance" y la "fuerza" del poder político, junto con el recordatorio clásico de que el buen gobierno, y las libertades ciudadanas, no han de identificarse siempre con una mayoría soberana metafísicamente incluída en el "bien común". El liberalismo escéptico supone la necesidad política, pero entiende que una soberanía popular sin un sistema de balances es políticamente ineficaz y moralmente peligrosa.

6 comentarios:

MuGar dijo...

La diferencia fundamental está en la conceptuación de los derechos, ya que para griegos y romanos, la libertad era objetiva, esto es, significaba la participación en los asuntos políticos. Se alcanzaba siendo ciudadano griego o romano.

En sentido contrario, en la actualidad se tiene una consideración subjetiva de los derechos del individuo, como emanados de su interior, y por tanto anteriores y superiores a la política.

Peter dijo...

A partir de aquí democracia directa o indirecta, el complejo conflicto de Rousseau y su, en potencia, totalitaria "voluntad general", los intentos jacobinos de llevarla adelante. La continuación marxista, el contrapeso anarquista y liberal.
¿Hemos llegado hoy al equilibrio? Liberalismo suavizado - socialdemocracia.

Coase dijo...

Hay dos conceptos distintos. La minarquía es compatible con la democracia. Lo que estipula es que las decisiones de la mayoría sólo son legítimas cuando se refieren a determinados aspectos limitados y cuando tiene por objeto la defensa de las libertades.

Un saludo,

ISIDORO LAMAS INSUA dijo...

Creo que el estado mínimo es un ideal político que mediando una serie de circunstancias podría ser mucho más que plausible. En cualquier caso concuerdo con los peligros esterilizadores del discurso que el minarquismo implica. Asimismo no me gusta el término puesto que, como dices, es un concepto anarquista. Tal vez deje demasiado de lado la importancia capital de la democracia. Sí.

Por cierto: ¿qué opinión te merecen esas críticas que dicen que Fukuyama sólo es un straussiano "exotérico"?

Salud y libre comercio

MuGar dijo...

El problema está en decidir qué aspectos son esos, qué libertades son esas y más aún, quién decide todo eso...

El concepto de Estado mínimo no es útil para criticar la realidad y por eso creo que es mejor darle de lado.

Es algo que ocurre, en general, con todos los conceptos que tienen como eje del campo político a "la libertad".

Anónimo dijo...

El estado minimo es un error intelectual.
Sea x el estado minimo propuesto, siempre habra un modelo de estado y, menor lo que el anterior no era el estado minimo, asi hasta el infinito.
No darse cuenta de ello dice mucho de la seriedad y del 'tiempo' que han dedicado a analizar el tema todos los 'minarquistas'.

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