La trilogía de la Fundación (Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación) forma parte de un más amplio "ciclo de la fundación" a su vez englobado en la "saga de la fundación". En total, unos 16 volúmenes escritos entre 1942 y 1992. Es cierto que el estilo predominante en la saga resulta algo deslabazado y prosaico, que escasean las descripciones detalladas, que los diálogos no pasan de ser modestamente funcionales, o que apenas se encuentran grandes pasiones amorosas, pero no es menos significativa la peculiar ceguera que tradicionalmente han mostrado muchos "críticos literarios" para captar el meollo dialéctico de la narración y terminar despistándose en los lugares más accesorios de la trama. Por eso creo que merece la pena acercarse a sus claves filosóficas, científicas e históricas desde una perspectiva que excede con mucho a la crítica textual o "literaria".La Fundación es una institución científica apoyada por un hipotético Imperio Galáctico futuro que contiene unos 20 millones de sistemas estelares administrados desde su centro político en Trántor. Hari Seldon, el principal "psicohistoriador" (el término "psicohistoria" tal y como lo emplea Asimov tiene, por cierto, un significado muy diferente a la "psicohistoria" académica), predice el fín del Imperio y el inicio de una era de barbarie de treinta milenios, que podrían acortarse gracias a un plan elaborado con las leyes psicohistóricas:
Es una predicción hecha por las matemáticas. No hago ningún juicio moral. Personalmente, lamento la perspectiva. Aunque se admitiera que el imperio no es conveniente (cosa que yo no hago), el estado de anarquía que seguiría a su caída sería aún peor. Es ese estado de anarquía lo que mi proyecto pretende combatir. Sin embargo, la caída del imperio, caballeros, es algo monumental y no puede combatirse fácilmente. Está dictada por una burocracia en aumento, una recesión de la iniciativa, una congelación de las castas, un estancamiento de la curiosidad...y muchos factores más. Como ya he dicho, hace siglos que se prepara y es algo demasiado grandioso para detenerlo.Para asegurar el éxito del plan, Seldon establece dos Fundaciones, una a cada extremo de la galaxia. La primera está esencialmente centrada en los presupuestos físicos y tecnológicos de las ciencias naturales (en particular, la energía atómica), mientras que la segunda, la más importante, tiene que ver más con las "ciencias del espíritu", que la imaginación del autor convierte en ciencias del poder mental, incluyendo facultades bastante extraordinarias e incluso "extracientíficas" vistas desde nuestro paradigma. Aquí, por cierto, aparecen esos límites siempre borrosos entre el género fantástico y la ciencia-ficción; de hecho, Asimov llega a introducir la hipótesis Gaia en Los límites de la fundación, otra idea que está muy lejos de reunir el consenso científico.- Fundación
No puede pasarse por alto la fecha de publicación de las primeras novelas de la fundación, situadas más o menos en los inicios de la guerra fría, cuando el orden mundial comenzaba a dividirse nítidamente entre el poder de dos imperios alternativos a ambos lados del telón de acero. En este contexto de posguerra, y en plena ansiedad atómica, no era muy previsible un orden geopolítico independiente de la pax imperium. El universo administrado por Trántor se ordenaba en torno a este centro capaz de irradiar su influencia cultural, económica y militar hacia todos los puntos de la galaxia, una especie de trasunto ficticio de la Roma imperial (de hecho, el principal punto de referencia histórico empleado por Asimov es Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, de Edward Gibbon). Fuera de este escrutinio imperial, parecía que sólo podía vislumbrarse anarquía.
Las influencias recibidas por las principales corrientes políticas de la época se dejan notar tanto en el diseño de la "psicohistoria" como en la estructura política del Imperio Galáctico. Por ejemplo, la pretensión del "Plan Seldon" de acortar los años de anarquía resulta ser virtualmente paralela a las visiones marxistas de una furura sociedad socialista precedida por una fase de anarquismo inicial donde, como solía recordar Popper, los revolucionarios serían capaces únicamente de "aliviar" los dolores del parto histórico. Asímismo, las crisis del Plan recuerdan también a las "crisis" del capitalismo pronosticadas por Marx y sus discípulos desde mediados del siglo XIX al penúltimo momento crítico de los mercados asiáticos en 1998.
Es interesante advertir la similitud de la "psicohistoria" con las principales tesis del romanticismo y el idealismo alemán. Al fín y al cabo la propia futurología del materialismo histórico resultó de una suerte de "vuelta del revés" del espiritualismo romántico, en donde los individuos también desaparecían dentro de la gran substancia universal: "Las fuerzas más profundas económicas y sociológicas no son dirigidas por hombres aislados". Para los románticos, las individualidades históricas sólo eran singularidades en el sentido de que sabían dinamizar un "espíritu de la época" que les desbordaba. Para Hegel, esta substancia se identificaba con el Espíritu Objetivo, allí donde los marxistas hablaban del proletariado como "clase universal". Como el "científico" hegeliano, Seldon y la psicohistoria son capaces de desvelar los contenidos de la providencia, si bien aún se reserva un pequeño margen de "libre albredrío" a los individuos (a la manera como el jesuita Luis de Molina creía poder salvaguardar la libertad individual, sin perjuicio de la "ciencia media" del creador).
El "Plan Seldon" es, en resolución, una obra monumental de ingeniería política guiada por la "ciencia mental" (con una religión "straussianamente" controlada por la clase dirigente), cuyo propósito consistía en desarrollar un tipo de civilización completamente diferente a cualquiera establecida hasta el momento y -ante todo- que jamás hubiera podido surgir espontáneamente. Una suerte de arrogancia galáctica proyectada después del final de los tiempos (modernos), aunque también podría considerarse la culminación ficticia de las utopías positivistas del siglo XIX.










11 comentarios:
Aunque se admitiera que el imperio no es conveniente (cosa que yo no hago), el estado de anarquía que seguiría a su caída sería aún peor.
;) eso lo firmamos más de uno.
Los paralelos con Gibbon son constantes, al menos en los tres primeros libros (por orden de publicación, no de la serie). Además, seguro que Asimov era muy receptivo a su idea de que el cristianismo fue un factor clave en la decadencia del imperio (...una congelación de las castas, un estancamiento de la curiosidad...y muchos factores más). Ah, se te ha colado una "Ascensión", el título original es "History of the decline and fall...", o sea, "decadencia y caída" (o "ruina", como traduce Mor Fuentes en esa reliquia del 1800 que es la única traducción integra en castellano, manda huevos).
El tema de la religión no lo he tratado mucho, pero es muy interesante. Creo que hay un cierto "straussianismo" en la postura de Asimov; la religión (el "espíritu galáctico") se presenta en todo momento como una mentira política, en concreto como un instrumento de los gobernantes y los científicos dirigentes para mantener sus planes y el orden social. Hay un capítulo curioso también, cuando se propone el tema de un comercio sin religión, porque hasta ese momento los sacerdotes eran descritos como simples herramientas del imperio...No hay el menor aliento de misticismo en la fundación.
De todos modos, esa traducción de Gibbon (que no he leído) casi seguro que está bastante bien, como muchas del siglo XIX, cuando los traductores no sólo conocían la lengua extranjera, sino que también sabían escribir en español. O eso creo.
El problema de Mor en concreto es que escribía -adrede- en un castellano más bien barroco y que ya era anticuado en 1830. Eso sumado a que la edición de Turner es facsimilar y no ha actualizado la ortografía, hace que, en ciertos pasajes, la traducción sea casi inservible para el lector moderno. Eso sí, como "creación literaria independiente" su traducción tiene cierto valor, es un castellano recio, potente y muy rico.
Es que el straussianismo es muy galáctico. Kantor comparaba a los neocon con los caballeros Jedi, y creo que en el Weekly Standard hasta hacían caricaturas de ese tenor.
Una pregunta: ¿se puede considerar a los neocon (si no todos, al menos algunos de ellos) como "straussianos", en ese sentido de utilizar la "mentira política como un instrumento de los gobernantes (y los científicos dirigentes) para mantener sus planes y el orden social"?
En esta fuente (que encontré en 'La tabla rasa' de Pinker) aparecen unas opiniones de Irving Kristol (al parecer con influencia straussiana) que me parecieron bastante curiosas. Destaco:
Kristol has been quite candid about his belief that religion is essential for inculcating and sustaining morality in culture. He wrote in a 1991 essay, "If there is one indisputable fact about the human condition it is that no community can survive if it is persuaded--or even if it suspects--that its members are leading meaningless lives in a meaningless universe."
[...]
At the heart of the neoconservative attack on Darwinism lies the political philosophy of Leo Strauss. Strauss was a German political philosopher who fled the Nazis in 1938 and began teaching at the University of Chicago in 1949. In an intellectual revolt against modernity, Strauss focused his work on interpreting such classics as Plato's Republic and Machiavelli's The Prince.
Kristol has acknowledged his intellectual debt to Strauss in a recent autobiographical essay. "What made him so controversial within the academic community was his disbelief in the Enlightenment dogma that `the truth will make men free.'" Kristol adds that "Strauss was an intellectual aristocrat who thought that the truth could make some [emphasis Kristol's] minds free, but he was convinced that there was an inherent conflict between philosophic truth and political order, and that the popularization and vulgarization of these truths might import unease, turmoil and the release of popular passions hitherto held in check by tradition and religion with utterly unpredictable, but mostly negative, consequences."
Kristol agrees with this view. "There are different kinds of truths for different kinds of people," he says in an interview. "There are truths appropriate for children; truths that are appropriate for students; truths that are appropriate for educated adults; and truths that are appropriate for highly educated adults, and the notion that there should be one set of truths available to everyone is a modern democratic fallacy. It doesn't work."
Hace tiempo leí la novela, sin preocuparme por sus connotaciones filosoficas y religiosas. Tenía claro, la referencia al imperio romano.
Me llamó la atención cuando los exploradores buscan la Tierra (tal vez referencia a la serie 'Galactica', y encuentran a Gaia. Yo sabía de Gaia por Lovelock. Leí su libro en que menciona al neurologo chileno Maturana y su libro 'El Árbol del Conocimiento'. Yo, creí, ingenuamente, que la Gaia de Asimov era una creación de él y no de Lovelock.
He seguido con interes tus post sobre la ciencia y seudociencia, y porque no también la relación de la ciencia ficción con aquéllas.
No es la primera referencia de ese artículo (el de Bailey). La verdad es que nunca he conseguido leerlo entero-y además creo que es algo antiguo. No puede tener mucho interés un trabajo que, como ejemplo de "crisis" del darwinismo, cita a Behe...
Por otro lado, si es cierto que existen distintos tipos de verdades, entonces es posible reconocer una "verdad" de la evolución compatible con la "verdad" de la creación, más cuando estas "verdades" se dirigen a distintos tipos de personas (esto está bien claro en la saga de Asimov). Hasta aquí no hay mayores problemas. No se puede terminar con la religión, pero sí se puede moderar, con una laicidad limitada, a la manera de Sarkozy. El problema que yo veo con estas "críticas" del darwinismo no es tanto que sean metafísicas y anticientíficas, lo cual es obvio, sino que sea metafísica mala e, incluso como mentira política, poco efectiva.
En principio, la "mentira política" debería analizarse como un hecho más que como un efecto de una voluntad peculiarmente perversa o el capricho de una oscura secta filosófica. Al señalar los límites de la Ilustración y elogiar explícitamente la "mentira política", los straussianos no hacen más que seguir la tradición filosófica, desde Platón...y lo cierto es que también hay un grado importante de utopismo en la idea "straussiana" de los filósofos-dirigentes -pero esto sería motivo de una discusión diferente.
Entiendo que mi pregunta pueda acabar siendo un tanto tangencial al tema tratado, si tal lo dejamos para otra ocasión.
No obstante quisiera aclarar algo. No me importa tanto la cuestión de los antecedentes, si la idea es original o no, y otras cuestiones.
Me importa específicamente la cuestión de la voluntad personal de querer contar las cosas tal como uno las considera "en verdad". Esto es algo siempre subjetivo por supuesto.
A mí me parece que Kristol (y Strauss) se sienten cómodos con esas "mentiras políticas". Diferentes "verdades", cada una de ellas "apropiada" para un colectivo diferente.
Yo admito que se pueden considerar dichas mentiras como "hechos", pero también que no se da en Kristol la voluntad de contar a todo el mundo lo que él considera real o más exacto y verdadero en política. (Dejo aparte a los niños, a quienes todos contamos algunas mentiras de vez en cuando por razones obvias.)
Creo que hay personas, tal vez pocas, no lo sé, que cuentan UNA misma y única "verdad", un mismo y único discurso, a todo el mundo por igual.
I. Kristol no me parece de estos ni por asomo, al menos a la vista de esos extractos y por lo que parece desprenderse de su inclinación straussiana.
Saludos.
A mí me parece que Kristol (y Strauss) se sienten cómodos con esas "mentiras políticas".
Puede que sea así, sin embargo lo que yo quería señalar es una contradicción del artículo. ¿Se critica la evolución (darwiniana) porque es falsa o porque es políticamente peligrosa? Porque son dos temas, en principio, completamente diferentes. Me parecía contradictorio hablar de la crisis del neodarwinismo entrando en el terreno de la verdad científica (citando, por ejemplo, los trabajos de Behe, que pretenden mantenerse en un plano no metafísico, sino científico) para después hablarnos de distintos "tipos de verdades"...
Puede darse esa contradicción que señalas en el artículo de Bailey, ya no lo recuerdo. Hice mención al artículo porque es la fuente de la que saco los extractos.
El objetivo y conclusiones del artículo pudieran estar equivocados, pero los extractos seleccionados, salvo evidencia en sentido contrario, son correctos y es lo único que quise traer a colación.
No obstante lo que planteas, que es otra cosa distinta a la mía, es también interesante.
Me quedo por tanto (aunque sea provisionalmente) con la sensación expresada en mi anterior comentario sobre la manera de entender la política de I. Kristol.
Una sensación negativa.
Aunque me resulta ciertamente curioso (caso de estar yo acertado) la sinceridad con que el citado neocón se expresa.
Al menos eso es de agradecer.
Buenas
Al hilo del post anterior y de este, me he acordado de un cuento de Robert Heinlein en el que describe una sociedad en la que la ciencia se ha convertido en una religión. Los sacerdotes eran aquellos que sabían poner en marcha los generadores y la maquinaria. Los obispos eran los que entendían esa maquinaria y la podían reparar. Finalmente los cardenales y el papa eran los que no sólo entendían la tecnología, sino que también creaban nueva tecnología e investigaban.
La idea la refinó Jodorowsky en su serie sobre el incal, con los tecnopapas.
Un saludo
A lo de los "tecnopapas" nos estamos acercando mucho, en la realidad.
Por otro lado, la idea de una "religión científica" ya fué vaticinada por Comte. Era el ideal del positivismo: sustituir las casullas por las batas blancas.
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