martes 1 de mayo de 2007

Tabula rasa. Proemio

Aunque suele asociarse con la tradición empirista, y concretamente con John Locke, que en el Ensayo sobre el entendimiento humano suponía que la mente acaso pudiera tratarse de un "papel en blanco, vacío de cualquier carácter, sin ninguna idea", la concepción del alma humana como una pizarra en blanco sobre la cual quedaban grabadas las normas del legislador -humano o divino- puede remontarse hasta los mismos inicios del derecho y la filosofía (cf. Platón, en Las leyes).

En la discusión sobre Naturaleza y Cultura, o sobre Naturaleza y Educación, la tabula rasa decantaba la balanza claramente a favor de la educación, provocando importantes consecuencias políticas y epistemológicas.

Por lo que respecta a las políticas, semejante concepción otorgaba un poder casi absoluto a los pedagogos y planificadores. La creencia de que el arte político era capaz de producir un "nuevo hombre", mediante condicionamiento skinneriano a gran escala, fué aplicada conscientemente en la URSS, y ello aunque los mismos planificadores nunca pudieran prescindir del pasado, como acredita la influencia del zarismo ruso en el estalinismo, y desde luego tampoco pudieran despreciar los "límites objetivos" de la naturaleza humana, que se resistió al sistema mediante la rebelión o la muerte.

Por otra parte, la autonomía de las "ciencias de la cultura" (Lowie: omnis cultura ex cultura) en la Academia consagraba la separación nítida de las humanidades o "ciencias del espíritu" y las "ciencias de la naturaleza". Desde entonces los militantes de las ciencias humanas, según el Modelo Standard, han contemplado a los naturalistas como científicos extraños a su disciplina. La actitud más frecuente ha sido la retirada hacia una hermenéutica sociocultural cada vez más "independiente", que veía con horror biofóbico cualquier intromisión de la naturaleza en la cultura, y que de hecho provocaba una división artificial del trabajo científico entre los "naturalistas" (físicos, biólogos, químicos &x) que se ocupaban de las cosas no humanas, y los "humanistas" (filósofos, historiadores, teólogos &c) que venían a tratar de la vida humana.

Pero los resultados de esta escisión han sido epistemológicamente inconsecuentes, políticamente ineficaces y moralmente dudosos.

Contra esta imagen fragmentada de las ciencias, la teoría de la evolución darwiniana ha ayudado a proporcionar una buena explicación sobre cómo surge el orden natural sin el concurso de artífices sobrenaturales y, lo que es aún más importante, sobre cómo puede surgir el orden social a partir del orden histórico y natural previo. Tal y como expresaron Leda Cosmides y John Tooby, padres fundadores de la psicología evolutiva moderna, la cuestión no es únicamente determinar cómo varía la conducta histórica humana, sino de qué modo la arquitectura psicológica humana produce diferentes comportamientos según circunstancias específicas.

La unidad de la naturaleza humana, sin perjuicio de sus diferencias (la arcaica idea de que sólo las culturas humanas varían pertenece también al Modelo Standard) no consiste solo en la consistencia de su genoma, al que posteriormente habría que añadir las diferencias culturales (traduzco aproximadamente):
El punto de vista alternativo es que la arquitectura psicológica humana contiene varios mecanismos evolutivos que están especializados en la resolución de problemas adaptativos de larga duración, y que estos mecanismos contienen formatos y procedimientos representacionales especializados. Estos contenidos ricamente sensibles al contexto tienden a imponer ciertos tipos de contenido y de organización conceptual en la vida mental humana que, en consecuencia, moldean fuertemente la naturaleza de la vida social humana y aquello que es transmitido culturalmente a través de las generaciones.

- Tooby & Cosmides, The psychological foundations of culture
Lo que llaman "tercera cultura" es el intento de coordinar las ciencias humanas con el resto de la ciencia, determinando el fín de su "espléndido aislamiento". La naturaleza humana no hay por qué comprenderla ya como una materia indeterminada que cierto artífice (Dios, la sociedad o la "cultura") moldea según su capricho, sino como una estructura en evolución que permite la producción de la diversidad cultural e histórica. Conocer mejor la naturaleza de esta estructura es un requisito básico para guiarse en las controversias sociales y políticas del presente: cambios ecológicos, violencia política o religiosa, investigación con células madre, cuestiones relacionadas con el sexo o género &c.

Otra versión de la Tabla rasa: el legislador capitalista.

5 comentarios:

Javier Bazán dijo...

Te voy a linkear.
En el blog anterior segui,si bien comenté, tus intersantes discusiones entre los libertarios y tu posición, y también la discusión entre tu y Pio Moa.
Sólo puedo decir sobre esto último, que los números los leen cualquiera persona. Y que es una falacia de ser ateo se llegue al totalitarismo. Nada mejor que esceptiscismo de Hume.

Germánico dijo...

Continuando con los enlaces, he decidido meter tu nuevo blog en la categoría de ciencia, en lugar de la anterior de "ideas liberales", puesto que tengo la sensación de que tu cambio de blog supone asimismo un cambio en el enfoque. No sugiero, desde luego, que el cambio sea drástico, pero se aprecia que cambias de blog conforme afilas tus ideas y precisas tus objetivos.

Al final hay una coherencia de conjunto en tus ideas, como la que existe en la de nuestros detractores (permíteme que diga "nuestros"). Ellos son partidarios de la Tabla Rasa e, inevitablemente, del socialismo, y en eso -son coherentes. Pero si uno abraza la idea de que la naturaleza humana no es algo perfectamente maleable, de que tenemos numerosos comportamientos innatamente determinados o al menos así determinados en una proporción no desdeñable, es también ineluctable que nos inclinemos por planteamientos políticos más abiertos, más liberales.

Ni la caída del muro ni las nuevas ideas en el campo de la neurociencia o la psicología evolucionista parecen suponer una refutación para los utópicos. Estos encuentran cobijo en nuevas formas de utopía y, en el fondo, en nuevas formas de crítica social que apunta a hombres de paja y crea diferencias y conflictos. No podemos pasar por alto de que, en última instancia, están expresando, estos totalitarios, estos liberticidas, conscientes e inconscientes, su naturaleza. Porque en la naturaleza humana están presentes también estas tendencias a agrupar por categorías a los mismos hombres, y a dividir a partir de nosotros y ellos, de nuestro grupo y los bárbaros, y del bien y el mal de acuerdo con nuestras convenciones de grupo.

Confío en que tu nuevo blog contribuya a clarificar el debate, y a llevar las ideas verdaderamente liberales a todos.

Eduardo Robredo Zugasti dijo...

Ya sabéis la ilusión que me hace el título de "ciencista ateo"; así que me gusta la nueva ubicación :), sin que esto suponga renunciar a las "ideas liberales". Ya se ha discutido en otros lugares que el liberalismo es más bien una actitud pragmática y escéptica, que debe subordinarse a la ciencia y al sentido común, no a una ideología vendida a través de "packs". Al menos así lo entiendo yo.

Estoy de acuerdo en el vínculo entre socialismo y "tabla rasa"; que además es muy esclarecedor para entender lo que pasa y por qué naufragan algunas políticas. Por otro lado, algunos liberales "100%" suelen ofuscarse demasiado en el individualismo antisocialista, despreciando aspectos sociales o cooperativos del ser humano. Pero esto ya lo iremos tratando.

Freman dijo...

... que el liberalismo es más bien una actitud pragmática y escéptica...

Es que el Liberalismo, a diferencia de las religiones e ideologías, es una receta negativa. Señala lo que no funciona, pero no nos da una lista de mandamientos "positivos" para alcanzar el Paraíso. Y esa ausencia es muy buena.

Peggy dijo...

magnifica foto ...esta todo cambiado, me voy unos dias y evolucionais cual primates :)

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