lunes 14 de mayo de 2007

Animales morales

Chesterton se pone muy nervioso cuando comienzan a des-cubrirse las bases naturales de la moralidad: "tesis como las de Pinker y otros ateos ciencistas y supuestamente liberales conducen de cabeza al totalitarismo más atroz." Una comprensible desorientación, por otra parte, cuando el juicio moral se hace depender casi exclusivamente de un "alma racional" insuflada por Dios durante la concepción de un nuevo ser vivo. Como escribía Tom Wolfe hace unos años, las nuevas ciencias de la naturaleza humana presagian un "eclipse total de los valores".

Concretamente, el punto que más les cuesta aceptar a los "chestertonianos", dentro del ya célebre artículo de Steven Pinker en Time, es la parte final donde se describe una "Nueva moralidad" (la traducción es aproximada):

La biología de la conciencia ofrece una base mucho más sólida para la moralidad que el inverificable dogma de un alma inmortal. No es sólo que una comprensión de la fisiología de la conciencia reducirá el sufrimiento humano a través de nuevos tratamientos para el dolor y la depresión. Esta comprensión también puede forzarnos a reconocer los intereses de otros seres -el núcleo de la moralidad.

Como cualquier estudiante de primer curso de filosofía sabe, nada puede forzarme a creer que alguien a excepción de mí es consciente. Este poder para negar que otras personas tengan sentimientos no es sólo un ejercicio académico sino un vicio demasiado común, como vemos en la larga historia de la crueldad humana. Pero una vez que nos percatamos de que nuestra propia consciencia es un producto de nuestros cerebros, y de que otras personas tienen cerebros como nosotros, la negación de la capacidad para sentir de otras personas resulta risible. "¿Acaso un judío no tiene ojos?, preguntaba Shylock. Hoy la cuestión es: ¿Acaso un judío, o un árabe, o un africano, o un bebé, o un perro, no tienen corteza cerebral y un tálamo? El hecho innegable de que todos estamos hechos de la misma materia neural hace imposible negar nuestra capacidad común para sufrir.
A pesar de esta aparente ecualización de los seres vivos, en función no de la raza, la nación o incluso del "alma racional", sino de una común neurofisiología, sería muy precipitado concluir que esta "nueva moralidad" promete borrar cualquier distinción entre los hombres y el resto de los animales, tal y como teme Chesterton. Gustavo Bueno ya criticó en su momento la propuesta de considerar a los animales no humanos como "sujetos de derecho", razonando que la iniciativa podría ser 1) Inane, dado que era imposible otorgar un derecho a quien no puede, en rigor, recibirlo (en la misma línea, véase Juan Ramón Rallo) y 2) Redundante, dado que las normativas legales ya contemplan el buen trato a los animales.

El propio Peter Singer, uno de los principales impulsores del Proyecto Gran Simio, reconocía, en su respuesta a Frans de Waal, que -incluso pasando por alto las tradiciones morales- ningún animal no humano iguala la capacidad del hombre para el razonamiento abstracto. Que la moralidad se reconozca como "algo nuevo en nuestra historia evolutiva", no significa, en cambio, que el juicio moral deje de involucrar una gran variedad de áreas cerebrales, algunas muy antiguas, que remiten a un pasado evolutivo compartido con los mamíferos sociables. De la misma forma, Singer llega a admitir también que la noción de "derechos animales" no es muy pertinente en el plano filosófico -aunque pueda serlo en el plano del activismo y aunque la narrativa de la esclavitud animal conserve -según Singer- un cierto "núcleo de verdad". En rigor, sería mucho más adecuado hablar de "obligaciones" que los hombres contraen voluntariamente con el resto de los animales.

Pese a que es imprescindible seguir distinguiendo el orden histórico o de costumbre, del "orden natural", como suele recordar Larry Arnhart, lo fundamental aqui es que las distintas tradiciones morales, incluyendo las más sublimes de raíz judeocristiana, ni siquiera podrían existir sin esta arquitectura común de la naturaleza humana. Sólo a los muy preocupados por la "razón insomne" o la pérdida de intangibles almas inmortales puede amenazarles el hecho de que el animal moral se encuentre en la base de todas las tradiciones y "culturas" particulares. Al fín y al cabo, el sentimiento de verguenza y asedio que padecen los chestertonianos ante la naturaleza humana, que nos aleja de los ángeles para acercarnos a los mamíferos sociales y los grandes simios, ¿no se parece al asombro que causaba a los contemporáneos de Galileo contemplar una imagen del sol llena de manchas inesperadas? Y sin embargo, ¿acaso no es realmente ese sol manchado el que insufla vida sobre el planeta y no las esferas celestes movidas por los ángeles?

Galileo, 1612

Una observación al camarada Moa. El argumento del nerviosismo sería desde luego "tonto" si pretendiera sostener aisladamente todo el peso de la crítica. ¿Y qué decir sobre la científica actitud de centrarse en un detalle retórico mientras se elude prácticamente todo lo demás?

9 comentarios:

Freman dijo...

¿Chester no era una de las ratas de los teleñecos?

La Rata Chester

Eduardo Robredo Zugasti dijo...

Je. Creo que ya tenemos mascota.

Peggy dijo...

Yo si creo que deberia utilizarse el termino Derecho de los animales , El bien juridico protegido en las legislacinones es la integridad fisica y psiquica del animal como ser vivo, porque creo que el animal no es una cosa en sentido inanimado aunque sea objeto de propiedad .Cosa distinta es que esos derechos generen obligaciones para su cumplimiento efectivo .

Eduardo Robredo Zugasti dijo...

En ese caso no sería realmente una "ley", sino un derecho abstracto. ¿Qué clase de ley es una cuyo incumplimiento no produce consecuencias?

Freman dijo...

porque creo que el animal no es una cosa en sentido inanimado aunque sea objeto de propiedad

Tú lo tienes claro, Peggy, y esto no lo digo por ti: el gran problema con los "derechos animales" (y con unos cuantos "derechos" más) es que la mayoría de la gente confunde "vida" y "consciencia". Quien cree en un acto creativo de algún tipo, asume que, en algún momento, la varita mágica divina nos insufló "algo" que nos ha convertido en lo que somos. La versión menos tosca de esta historia considera que la esencia mágica transmitida es la consciencia, pero en la variante vulgar, el "alma" es la vida, monda y lironda.

En más de una ocasión le he dicho a algún chesteroide que, a estas alturas, la vida no es un "misterio" para el enterado. Las reacciones han sido de sorpresa y escándalo. Y es que para quien se ha dado cuenta de que Dios sólo puede vivir en las grietas, le resulta fácil ver que si la grieta sólo contiene la consciencia y no la vida, se vuelve muy estrecha.

Germánico dijo...

Los animales (no humanos) han hecho grandes servicios a la ciencia, como objetos y no como sujetos.

Creo que habría que tener mucho cuidado con cuantos derechos se les otorgan, porque puede llegarse a un punto en que no se puedan utilizar para experimentar y esto podría suponer un freno muy importante al avance de la ciencia y del conocimiento.

Claro está que no pueden equipararse todos. Esta equiparación parte de la dicotomía básica entre animales y seres humanos. Todos los animales son iguales desde esta perspectiva errada: irracionales e instrumentales. Si atendemos a la evolución, a la fisiología, a los mecanismos neuronales del dolor, al grado de consciencia atribuíble, y a algunas otras variables, es posible que tendamos a experimentar más con ratas -siempre que sea posible- y menos con grandes simios.

Ha llegado un punto en que es imposible entender la consciencia, el yo, de otra manera que como un proceso natural derivado de la necesidad, sin caer al hacerlo en planteamientos metafísicos carentes de fundamento lógico o empírico.

Esto no significa que lo trascendente deba ser descartado. Simplemente apunta a su carácter ignoto e inescrutable, por tanto fuera de toda especulación seria.

Carlos Suchowolski dijo...

Amici, no puedo meter en una líneas todo lo que me sugiere lo que le ha sugerido (y cómo lo declara) todo esto al Sr. Pio Moa (ver su últime entrda a su blog en LD, por ello pienso desarrollarlo en mi propio blog. Pero vayan las siguientes consideraciones positivas:
1) los "ciencistas" que se mencionan, como Pinker, son tergiversados por Pio Moa. Lo que no habla en su favor.
2) Pio Moa, como cualquier ser humano, tiende a poner la ideología por delante de las evidencias. En su caso, la tendencia se realiza ampliamente.
3) Algunas cosas son ciertas, pero acaban diluyéndose en nombre de lo previo, la postura ideológica.
Etc.
Por fin, mi postura en realción a los animales y todo eso: los fenómenos biológicos se diferencian entre sí en muchas cosas gracias a que se produjeron en tiempos sucesivos, esto es, unos "después" y "sobre la base de" los anteriores (mientras otros caminos quedaban truncados por lo que fuese, que es otro tema.)
Esto es sólo a efectos de enfocar el asunto, de enfilarlo metodológicamente, y en absoluto de
dictar una sentencia. Todo en nombre del postulado de objetividad que Pio Moa, al menos, no sólo no respeta sino que contradice (y para colmo, recortando las frases para su selecto público: ¡habrase visto!)

Entropía dijo...

http://www.utilitarian.net/singer/by/1995----03.htm

No sé.

Freman dijo...

Defenders of abortion usually deny the second premiss of this argument.

Eso es una vil caricatura.

Más bien, las tres primeras palabras son la verdadera y malintencionada caricatura: "defenders of abortion". ¿Conoce alguien a un "defensor del aborto"?

Todos efectuamos cálculos de costes y beneficios para tomar decisiones. Yo, por ejemplo, no consumo heroína, ni LSD. Los presuntos o dudosos beneficios que obtendría no compensan el coste, que sería como mínimo el acortamiento de mi vida. Pero si mañana recibiese la noticia de que me quedan tres meses de vida, tendría que reevaluar mis asignaciones de valor. Quizás si tuviese un hijo, seguiría sin consumir estas drogas, para no darle un mal ejemplo (dependería también de mi confianza en la racionalidad de mi propio hijo). Pero si no fuese el caso, o estuviese en una cárcel esperando a ser ejecutado, ¿por qué no?

Una persona "religiosa", por el contrario, ha asignado a priori un valor infinitamente negativo a la droga, sin tener en cuenta el contexto (lo cuál simplifica enormemente cualquier cálculo). El resultado es que la vida de estas personas es mucho menos problemática: sacrifican su responsabilidad personal en aras de la propagación de una idea... aunque esa idea los perjudique enormemente en algunos casos. Es la "mema egoísta".

Lo mismo ocurre con el aborto. No necesito asignar "derechos a la vida" absolutos, ya sean positivos o negativos, para poder evaluar en un momento si vale más la vida de la madre o la del feto. Por supuesto, los cálculos se complican y las decisiones no vienen escritas en un libro sagrado: eso es lo jodido de ser un animal racional. Nadie ni nada te garantiza que no te equivocarás. Pero en la capacidad de decidir reside nuestra libertad.

Publicar un comentario en la entrada

Los comentarios están moderados, pueden tardar en aparecer.