29/4/2007

La supervivencia de los más capitalistas

Es frecuente que los orígenes de la era industrial se estudien investigando ante todo sus causas ideológicas, relacionando capitalismo y libertad política, sus causas religiosas, vinculando capitalismo y libertad religiosa (la "ética protestante del trabajo") o bien sus razones tecno-económicas (Marx: "El molino manual te da la sociedad del señor feudal; la máquina de vapor, la del capitalista industrial"). Hasta hace relativamente poco tiempo, sin embargo, no era tan frecuente acercar el análisis económico a las ciencias de la evolución biológica, como hace Gregory Clark (podéis encontrar más bioeconomía en los trabajos de Herbert Gintis y Oded Galor) en un estimulante paper titulado ¿Genéticamente capitalistas? La era malthusiana y la formación de las preferencias.

Según Clark, el triunfo del capitalismo en el mundo moderno podría descansar tanto en nuestros genes como en nuestra ideología o en nuestra racionalidad. El hecho básico es que antes de 1800 todas las sociedades eran "malthusianas": los recursos no siempre crecían en proporción a la población y cada hombre o mujer dejaba como promedio dos hijos supervivientes. Pese a que la población mundial pudo crecer de los 100.000 individuos en el 100.000 a.C hasta los 770 millones de 1800, el promedio de hijos supervivientes rara vez superó el par por mujer antes de la época industrial.

Durante la "era malthusiana", las leyes bioeconómicas humanas eran prácticamente idénticas a las que regían el resto de "sociedades animales". Darwin mismo se inspiró como es sabido en On a principle of population, de Malthus. Y, en la medida en que las sociedades humanas mantuvieron esta legalidad malthusiana, la inferencia de Darwin sobre la selección natural gobernando el crecimiento humano era plenamente correcta. Esta lucha "darwiniana" clásica, desde la revolución neolítica, habría proseguido hasta 1800.

Estas mismas sociedades preindustirales eran "darwinianas" -sin entrar ahora en mayores honduras sobre el significado de "darwinismo"-, en el siguiente sentido: algunos grupos producían más de dos descendientes supervivientes, incrementando así la frecuencia de su población genética a expensas de otros grupos. Por ejemplo, parece que la población anglosajona pasó de una baja frecuencia, en torno al 10 % en los primeros siglos después de Cristo, hasta alcanzar más de la mitad porcentual de la población británica actual.

El capitalismo inglés

En Inglaterra la selección se basó en el éxito económico al menos desde 1250. Según refleja la documentación disponible sobre la relación de testamentos, los más ricos dejaban al menos el doble de descendencia que los pobres. Una consecuencia importante, en consecuencia, es que la moderna población de Inglaterra desciende de las clases media-altas formadas en la edad media.

Las personas corrientes antes del siglo XIX no se encontraban mejor en términos materiales a las personas corrientes de hace 10.000 o incluso 100.000 años. Disponemos de evidencias sobre el consumo de alimentos gracias a las investigaciones llevadas a cabo durante las Poor laws (1787-1796) que así lo atestiguan. Los ingresos promedios de los pobres ingleses era de solo 4.6 libras, un 30% del promedio general. Los pobres consumían como promedio sólo 1,508 calorías. Esto revela unas condiciones inferiores a las de muchos pueblos "primitivos" (la mitad, por ejemplo, a lo consumido por los Ache de Paraguay).

Pese a todo, la media de 2340 kilocalorias entre la poblacion inglesa iguala la cantidad de consumo de cualquier sociedad de cazadores-recolectores:

Pero cuando los "ricos" empezaron a predominar cultural y genéticamente la tasa de preferencia temporal disminuyó, las horas de trabajo aumentaron y la alfabetización se incrementó en la población. Es decir, la era pre-industrial, malthusiana, sembró las semillas del industrialismo, pos-malthusiano.

Un hecho simple gobernaba el "techo malthusiano" de las poblaciones: a la larga la tasa de nacimientos se igualaba con la de muertes. En este contexto pre-industrial 1) Cada sociedad poseía una tasa de nacimientos determinada en parte por las costumbres que regulan la fertilidad, y que aumenta a medida que aumentan las condiciones materiales de vida, 2) la tasa de mortalidad en cada sociedad declinaba a medida que aumentan las condiciones materiales y 3) las condiciones materiales de vida declinaban a medida de que aumenta la población.

La ley malthusiana presupone que aquellos con mayores ingresos y éxito material (lo que no era igual que la aristocracia, en el caso británico) obtendrán por regla general un mayor éxito reproductivo;y esta tendencia podría ser incluso más fuerte en otros momentos de la era pre-industrial, sobre todo en sociedades que, a diferencia de Europa, eran polígamas (hoy mismo se ha observado este fenómeno entre las sociedades de pastores de Kenya, donde los propietarios de ganado tienen un éxito reproductor muy superior al resto).

A diferencia del caso inglés, donde la violencia aristocrática suponía una mala estrategia reproductiva, en el caso de las sociedades "tradicionales" y de cazadores-recolectores existe una relación positiva entre violencia y reproducción. Hoy está bien documentada la mayor incidencia de las muertes violentas entre las "sociedades tradicionales" o sociedades sin estado. Se sabe, por ejemplo, que la mayor causa de mortandad entre los varones Ache es la violencia, e incluso que estrategias de supervivencia "criminales" se han vuelto estables entre algunas sociedades amazónicas –como acredita el célebre estudio de Chagnon sobre los Yanomano.

Genéticamente capitalistas

La economía malthusiana se caracterizaba por su tendencia estática que no acompasaba a largo plazo el incremento de población y recursos. Solamente las rentas de la tierra podían aumentar sus beneficios, pero las ganancias del capital, las horas de trabajo y la movilidad general permanecían equivalentes en términos generales. A pesar de esto, la época preindustrial mostró antes de 1800 tendencias crecientes en 1) Las horas de trabajo, 2) el alfabetismo, 3) la disminución de las muertes violentas, y 4) la caída del precio del dinero (el alto interés del dinero había sido característico en todas las civilizaciones antiguas y en el medioevo, tanto asiático como europeo).

El resultado de esta coevolución de las preferencias dentro del mercado, favoreciendo el éxito de los más "capitalistas", es que las sociedades se orientaron hacia una tendencia de clases medias: ahorro, prudencia, negociación y trabajo duro. Por el contrario, disminuyen el despilfarro, la violencia y el amor al ocio típicos de las sociedades antiguas y medievales. Es posible, como apunta Clark, que semejante "supervivencia de los más ricos" no sólo modificara las culturas e ideologías, sino también la base genética de las poblaciones: a pesar de que las economías agrarias que lograron desarrollar la revolución industrial alrededor de 1800 no tenían condiciones de existencia mucho mejores a las del Paleolítico; el conjunto de actitudes y habilidades habían conseguido cambiar sistemáticamente desde entonces.

Quizás el fenómeno más importante que fraguó la revolución industrial fue la diminución de la preferencia temporal (la idea de que, estando todas las cosas igual, la gente prefiere consumir ahora que después), en franco contraste con las sociedades antiguas y las sociedades tradicionales conocidas hoy por los antropólogos. James Woodburn ha documentado la falta de interés de los Hadza de Tanzania en los beneficios distantes y los Piraha de Brasil parecen no menos indiferentes a las ganancias futuras; lo que no significa que no puedan ofrecerse muy buenos argumentos evolutivos para comprender esta disminución histórica de la preferencia temporal.

Un punto muy interesante en el trabajo de Clark es el cuestionamiento de las explicaciones "ideológicas" de la revolución industrial, acercándose a un marco más materialista y naturalista –aunque no por ello marxista: "Las ideologías son ellas mismas la expresión de actitudes fundamentales derivadas en parte de la esfera económica".

No debe caber ninguna duda de que el éxito económico está enlazado con el éxito vital: los más alfabetizados y los más prósperos tendieron durante la "era malthusiana", en promedio, a dejar mas descendencia que los menos alfabetizados o los menos prósperos. Si se seleccionó la paciencia y el trabajo duro, no era tanto porque así lo establecía la "ética protestante del trabajo", sino porque eran cualidades que objetivamente conducían a un mayor éxito reproductivo. Se diría que fue la "ética del trabajo" la que resultó seleccionada por presiones relacionadas con hechos fundamentales de la existencia mucho más profundos que la ideología de la libertad o las reformadas ideas religiosas. También se diría que no fue meramente la "ciencia desinteresada", a la manera de Ortega, la que fundó una nueva civilización, sino que fue esta actitud económica la que ayudó a formar el nuevo espíritu científico. Por ejemplo, en el reemplazo de los números romanos por los árabes hay que contar con las demandas del comercio en la europa medieval:

En Europa, los cuerpos religiosos y estatales, aislados de las presiones del mercado, eran los más lentos en adoptar estas innovaciones. El Tesoro Inglés aún empleaba numerales romanos para su contabilidad en el siglo XVI. Pero a partir del siglo XIII los numerales árabes dominaron crecientemente el comercio, y muchos tratados sobre aritmética fueron claramente estimulados por el comercio.

Las sociedades pre-industriales establecieron condiciones para estimular la vida intelectual creando la necesidad de sistemas simbólicos más útiles y realistas. A pesar de que las condiciones de vida continuaron relativamente estáticas (éste es un punto polémico, o matizable, en la argumentación de Clark) antes de 1800, la cultura y quizás también los genes iban transformándose hasta que las nuevas actitudes se convirtieron en norma social. Las mismas ideas de filosofía o ciencia, tal y como hoy las entendemos, se encuentran profundamente comprometidas con esta civilización comercial de la que proceden.